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Conciertos

LIVE REVIEW | La progresiva velada de YES en Chile

YES EN CHILE

28 DE MAYO 2013 | TEATRO CAUPOLICÁN

Por Freddy Veliz

 

Yes (19 de 19)A la hora de revisar o enlistar a las bandas más importantes e influyentes de la historia de la música, es una obligación incluir a los británicos Yes entre los primeros.

Fundadores junto a King Crimson de lo que conocemos hoy en día como Rock Progresivo. Yes, encaminados hacia una veta más sinfónica destacaron siempre por la complejidad de los arreglos musicales, creando obras de una magnificencia muy pocas veces vista en una banda de rock. Sus años más elogiados son los de la primera mitad de la década de los 70, como la de muchos de estos intelectuales del rock, la segunda mitad de esa década les jugó en contra por la arremetida del Punk, y como fue casi una norma para las bandas del género, entrando a los 80s apostaron por desviar su mirada hacia un estilo más accesible y comercial, sin obviar por cierto, la incontable rotación de miembros en la formación, debido a posturas egocéntricas, carácter y/o liderazgo.

En Chile debutaron en vivo en 1994, en un concierto (casi olvidable por la pésima acústica del lugar) realizado en el Centro Cultural Estación Mapocho, y otro en Viña del Mar. Después volverían en 1998 y 2010, todos con cambios en la formación, una constante en la banda liderada por Chris Squire, el único miembro que se ha mantenido siempre en la agrupación, convirtiéndose en el pilar de los británicos.

Yes para muchos murió con la partida de Jon Anderson el 2004 (recordemos que Jon ya había abandonado la banda en 1980, y reintegrado el 83’), lo que ya generaba dudas en su última visita el 2010, en que el puesto del carismático vocalista fue ocupado por el canadiense Benoit David, dejando finalmente una muy buena impresión entre los que estuvieron en ese show realizado en el Teatro Caupolicán.

Benoit abandonó Yes por problemas de salud el 2012, dejando nuevamente la incógnita, incluso con rumores de una vuelta de Anderson, lo que lamentablemente no sucedió, y nuevamente se recurrió a buscar un reemplazante. Anunciándose rápidamente a Jon Davison quien venía haciendo carrera desde mediados los 90s y que al momento de ser llamado a las filas de Yes, formaba parte de los progresivos norteamericanos Glass Hammer.

El anuncio del regreso de los británicos a Chile, no dejó a nadie indiferente, puesto que la gira que los traía esta vez, tenía el gancho soñado para cualquier amante de la música de la banda como del progresivo en general, estaban presentando íntegramente tres álbumes históricos, The Yes Album de 1971, Close to the Edge de 1972 y Going for the One de 1977. Elegidos por ser representativos de las distintas etapas de la agrupación, el primero fue el trampolín para la fama, el segundo es el álbum simbólico de los años más experimentales y progresivos, además uno de los más aclamados tanto de Yes como del rock progresivo en sí. Y el tercero el paso a las estructuras menos complejas, centradas en temas de menor duración (a excepción de Awake) y el inicio del camino que seguiría Yes en la próxima década.

Distintas opiniones se generaban entre los fanáticos, por un lado lo interesante de ver y escuchar en vivo estas tres grandes obras, y por otro las dudas que generaba la capacidad del nuevo integrante, para la mayoría Anderson es irremplazable, entonces esta formación no validaba a un Yes en todas las de la ley. También en los teclados, si bien Geoff Downes es un gran músico y su trabajo en Asia así lo corrobora, no es de las figuras simbólicas que han pasado por el conjunto inglés. Todo era intriga, y estas sólo se dilucidarían el día del show.

Sobre Santiago caía una intensa lluvia, y con la ropa y los pies húmedos al sortear las pozas en el trayecto a calle San Diego, al fin podía entrar al recinto, y el frío del exterior, se convertía en un ambiente de calidez por el entusiasmo reflejado en los rostros de los que comenzaban a ocupar los puestos, los que terminaron siendo copados casi en totalidad.

Sobre las 21:15 se apagan las luces y se escucha la tradicional intro “FireBird” mientras en la pantalla de fondo se proyectaban las imágenes de las portadas alusivas a los discos que estábamos ad-portas de escuchar en vivo y en directo, además de imágenes de boletos, afiches y reportajes alusivos a la banda en la década setentera.

En medio de la ovación de los casi 5 mil asistentes, los músicos aparecen en el escenario tomando sus respectivos puestos, y sin dirigir palabra alguna y sobre el fondo la imagen de ese verde profundo, con el característico título “Close to the Edge” del disco en cuestión, comienza a gestarse un momento mágico desde las finas cuerdas de la guitarra de Steve Howe y el poderoso y grave sonido del Rickenbaker del maestro Chris Squire. Toda esa amalgama de estructuras sincopadas, con complejos arreglos instrumentales se hacían presentes con la suite que da nombre a la elogiada obra de 1972, y sonando tan fresca después de 41 años de su creación.

Jon Davison hace su aparición y sorprende a todos con el gran parecido del timbre vocal con Jon Anderson, sólo una pequeña diferencia en los agudos, pero si cerrábamos los ojos podíamos fácilmente imaginar al histórico vocalista sobre el escenario.

De pantalón y camisa blanca, mantenía la característica imagen que tenemos de Anderson en nuestra memoria. Luego de los casi veinte minutos de muestra de virtuosismo y genialidad, a niveles doctos, llega el turno de la maravillosa e infaltable en los conciertos de Yes “And You and I” con Howe intercambiando guitarras y deslumbrando desde su fender Steel Guitar. Una de las piezas maestras más mágicas en la historia de la banda, y que Davison se encargó de interpretar en un gran nivel. Squire apoya con la armónica, y Downes cumple con el trabajo de hacer lo suyo desde los teclados, clave en los pasajes de este inmenso clásico.

Siguiendo la cronología del disco llega el momento de “Siberian Khatru”, en que Squire hace de las suyas con el instrumento que loYes (3 de 19) convirtió en uno de los bajistas de mayor importancia para el mundo del rock, uno de los pioneros en darle a las cuatro cuerdas graves un lugar protagónico dentro de una canción, pasando a ser algo más que solo un complemento. Y Steve Howe inmutable haciendo figuras y digitando con soltura cada una de las complejas notas, con su inseparable Gibson ES-175.

Luego en la pantalla se proyecta la imagen en contrapicado del hombre desnudo mirando hacia las alturas del Century Plaza Towers de Los Angeles, California, imagen característica de la portada de Going for the One de 1977 mientras es presentado por Steve Howe, y suenan los primeros acordes del clásico que da nombre al disco. Obra no de las mas enarboladas de la agrupación, pero que con los años se ha ganado un espacio con joyas como “Parallels”, “Wonderous Stories” o la extensa “Awaken” donde Squire sacó a relucir su Wal Bass Triple Neck, dejando a todos con la boca abierta.

Retrocedemos unos años y llega el turno de “The Yes Album” (1971) con “Yours is no Disgrace” seguida del maravilloso ragtime en manos de Steve Howe titulado “Clap” las miradas centradas en este genio de las cuerdas, del que es mejor quedarse con su talento como músico que con su falta de empatía como persona, un verdadero lujo poder apreciar en vivo esta pequeña gran obra, que es aplaudida de pie por el público. Puntos altos de esta sección por supuesto los clásicos eternos como “Starship Trooper” en que la asociación Squire con su rickenbaker y Howe con su Gibson sacudieron la noche con una de las mejores y más poderosas interpretaciones de la velada, Davison, seguía de alguna manera deslumbrando con su cercanía al registro de Anderson, acusando por momentos algunas desafinaciones casi imperceptibles, pero que no mermaron su buen desempeño, el que en mi impresión tuvo su gran momento en “I’ve Seen All Good People”.

Luego de repasar “A Venture” se acerca el final con la grandiosa “Perpetual Change” despidiéndose en una lluvia de confetis. Generando un clima de fiesta dentro del teatro. La banda se retira del escenario en medio de los vítores de la multitud que se ponía de pie y se apostaba lo más cerca del escenario, de inmediato los músicos vuelven y como un bonus track se despachan uno de los mayores clásicos del catálogo Yes, la incombustible “Roundabout” desatando la algarabía del público que se negó a volver a sus asientos y terminar la fiesta como se debe en un buen concierto de rock.

Un concierto que no tuvo un nivel de sonido del más óptimo, la calidad de este nunca pudo mantenerse en un nivel parejo, en ocasiones la batería de Alan White sonaba demasiado alto o se evidenciaban algunos problemas en la guitarra de Howe, quien se encargó de expresar su molestia con una no muy amigable mirada a su asistente cuando se produjeron ciertos acoples. Esto de todas maneras no afectó al transcurso normal de la actuación que tuvo en Jon Davison a un buen emulo de Anderson, con una performance en que se vislumbraban movimientos demasiado estudiados, en un comienzo notándose algo tenso, pero soltándose con el correr de los minutos. Él se dedica a hacer su trabajo, y cumple su cometido, pero se extrañaba a Anderson quien además de toda esa imagen mística y espiritual que reflejaba, era el encargado de crear la conexión con el público, algo imposible de pedir a sus compañeros Squire y en especial Howe, quienes son bastante parcos al respecto, entonces esa tarea era encomendada a Anderson quien posee mayor carisma y empatía con el público. Davison no logra eso, y es comprensible, él llegó a ocupar un lugar que siempre estará reservado al histórico vocalista, y el que llegue nunca podrá desempeñar un trabajo con estilo propio, siempre tendrá la obligación de ser un clon de una de las voces más representativas de un género que con 45 años de historia sigue dando que hablar.

Un concierto que con todos sus detalles no dejará de estar entre los grandes acontecimientos del año, no siempre tendremos la oportunidad de disfrutar de tres discos completos en un solo show, menos del calibre de los que sonaron este 28 de Mayo en el Teatro Caupolicán, en que en medio de la lluvia Santiago tuvo una de sus más soñadas noches progresivas.

Fotos: Diego Mena

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Noticia publicada por el área editorial.

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