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Conciertos

[Live Review] STONE TEMPLE PILOTS + BUSH : Enarbolando himnos de toda una generación

Nota: Freddy Véliz   Fotos: Andie Borie

Revolución Tour, 21 de febrero 2019 – Teatro Caupolicán, Santiago de Chile

Este 21 de febrero vivimos otra jornada de potente rock and roll en el histórico Teatro Caupolicán, la gira Revolución tour 2019, que tiene a los británicos Bush y los estadounidenses Stone Temple Pilots,  dos componentes icónicos de los noventa, reunidos para satisfacer a los nostálgicos treinteañeros y a los curiosos por ver en qué están ambas agrupaciones actualmente.

Un recinto totalmente lleno, es el marco que podíamos apreciar desde el inicio de la jornada, que estuvo apoyada por dos conjuntos nacionales. Los primeros en comenzar a remover nuestro sentido auditivo, fueron los reformados Randy Watson, conjunto que estuvo en receso por bastante tiempo, y que recientemente retoman su carrera para grabar algunos sencillos que se pueden encontrar en distintas plataformas digitales, y que tuvieron su salto a los leones con esta oportunidad de ser parte de un cartel tan cautivante. Un show breve, discreto, que sirvió para que mostraran su repertorio a un público que los recibió bastante bien, tuvieron la ventaja además, de participar de un evento en el que, como pocas veces, el aforo era masivo para el telonero. Con algunos reparos en el sonido, y una evidente falta de training sobre el escenario, el quinteto cumple con montar un show de guitarras potentes, y canciones afines al contexto post grunge del encuentro, un excelente impulso para que solidifiquen su carrera y sigan adelante.

Luego de un breve intermedio, Temple Agents suben al escenario frente a un teatro que a esas alturas ya lucía completamente lleno. El conjunto chileno tiene una vasta experiencia participando en festivales y abriendo a varios artistas internacionales, además de un nutrido pergamino de actuaciones en el extranjero, y eso se nota desde los primeros minutos de su show, donde destaca notoriamente la puesta en escena que ofrecen, con su vocalista, Ale Solar, dueño de un gran despliegue, seguro y conectado fuertemente con su función de frontman. Temple Agents han sido inteligentes en la forma en que han abordado su carrera, con buena gestión y preocupación en los detalles compositivos, caracterizados por enganchadores riff y melodías que invitan a ser coreadas hasta por el fan más alejado de su propuesta. Cortes como “Red Demons” del  álbum ‘Find the Way’ seguida de “10 Years Go” del más reciente ‘Rise’, conectan inmediatamente con la audiencia.

Un problema que se repite en varios de los shows en que he tenido la posibilidad de verlos, es la excesiva saturación de su sonido, en especial el alto nivel de volumen que aplican en la voz, que lamentablemente juega en contra, al momento de apreciar los matices de sus canciones, un reparo que debieran tener en cuenta, porque hay detalles bastante interesantes en sus líneas, cosa que podemos apreciar en el alto nivel de sus grabaciones de estudio, pero que aun no logro experimentar de buena forma en directo. Igualmente el conjunto demuestra su expertise,  y es aplaudido por un recinto gratificantemente repleto, que sin dudas los despidió conformes, incluso parte de los asistentes pedía otra canción, cuando los nacionales ya abandonaban el escenario, que en breve era preparado para los platos principales.

22 años han pasado desde que los británicos Bush, actuaran por primera y única vez en Chile, fue en el marco del Santiago Rock Festival ‘97, y se dieron el lujo de compartir escenario con el duque blanco, David Bowie, en un show que llevó algo más de 3.000 personas al Court Central del Estadio Nacional. Tenían entonces dos discos publicados, y llegaron en todo su apogeo. El 2002 se disuelven y hace nueve años regresaron a las pistas, desde ahí no han parado, y con la última conformación han logrado editar tres discos de estudio, sumando una cantidad de siete álbumes en total durante su carrera. Con estos datos a cuesta, anoche se presentaron en Chile, frente a cerca de 4.500 personas. El público expectante explota en una ovación cuando se apagan las luces y de fondo se escucha “Battle Without Honor or Humanity” de Tomoyasu Hotei, tema característico del film Kill Bill, y luego Gavin Rossdale y compañía aparecen en escena para despacharse “Machinehead” extraído de ‘Sixteen Stone”, álbum debut de 1994. Desde el comienzo, se denota la pulcritud en el sonido, limpieza que se mantiene permanentemente durante el show, una presentación enérgica, con el público encendido y conocedor de la trayectoria de una banda cuyo éxito se concentró preferentemente en la segunda mitad de los noventa, pero que el tiempo ha demostrado que su música ha madurado de gran forma hasta el día de hoy. Bush nos ofreció un concierto cargado a su exitoso primer disco, sin marginar lo que han venido creando en estos años.

Gavin es un frontman que mantiene cercanía con el público, se explaya en un español discreto, que logra ser comprendido en cada una de sus intervenciones. La banda funciona bien aceitada, Robin Goodrige en la batería (único compañero de Rossdale desde los inicios del conjunto), es un elemento sustancial en el peso y solidez de Bush, complementado por Corey Britz en el bajo y Chris Traynor en la guitarra, funcionan en equipo y dejan fuera cualquier duda sobre su calidad como banda en vivo. Un show que tuvo distintos matices, desde lo musical hasta lo anecdótico. Cortes como “The Sound of Winter” o “This is War” fueron cantados por la fanaticada que saltaba y ovacionaba a la banda, desde el sector izquierdo de galería, un tipo comenzó a gritar a Gavin, gesticulando ofensas hacia el cantante, quien luego de entregarnos una loable interpretación del esperado “Greedy Fly”,  no pudo abstraerse de la situación increpando al desatinado desde el escenario, obteniendo el apoyo del público que gritaba en masa un efusivo “hueón hueón!” hasta lograr expulsarlo del sector. Momentos inexplicables, de personas excedidas seguramente con el alcohol, que, tal como se lo preguntó el frontman “no entendemos que hace ahí”. El concierto continuó con total normalidad y logrando highlights en “Everything Zen”, “Swallowed” y en la efusiva actitud de Rossdale en medio de “Little Thing”, cuando decide escapar del escenario y aparecer en galería recorriéndola en toda su extensión junto a la multitud, uno de los momentos más intensos de la jornada, y que demuestran la poderosa entrega del conjunto y del frontman en particular.

Con un discurso sobre la unidad, prometiendo volver y reencontrarse con todos, “menos uno” aludiendo al ‘expulsado’, sacando risas desde el público, Gavin y sus secuaces interpretan una pesada versión del clásico “Come Together” de The Beatles, para encaminarnos al final con sendas versiones de clásicos como “Glycerine” y “Comedown”, retirándose agradecidos por el recibimiento, de un público con la adrenalina a tope luego de un fenomenal reencuentro con una banda que está viviendo una nueva consolidación en la escena rockera mundial.

En el intermedio, un grupo de técnicos trabaja rápidamente en el cambio de backline sobre el escenario: pedaleras, batería, amplificación son removidos para el ingreso del equipamiento del plato de fondo, un esperado reencuentro con una de las agrupaciones más importantes del movimiento grunge, cuya carrera se ha visto afectada por cambios, excesos, disputas y muerte. Pero siguen en pie dando lo mejor de una carrera increíble de éxitos y un sinfín de seguidores alrededor del orbe. Lo que anoche se vivió en el Teatro Caupolicán, difícilmente pase al olvido para los fanáticos que ahí estuvieron. Íconos indiscutidos de una generación, que perdiendo a su figura más potente han logrado sobrevivir en el tiempo, asumiendo la responsabilidad de su historia escrita. El público abarrotado en cada rincón del recinto, responde instantáneamente al momento de apagarse las luces y recibir a los hermanos DeLeo junto a Eric Kretz y el cantante Jeff Gutt, quien el 2017 asumió el importante rol de ponerse en el lugar de la fuerte figura de Scott Weiland.

Un setlist repleto de clásicos imborrables se fueron sucediendo en un concierto fluido, con un sonido de primer nivel, que en un inicio sufrió de algunos acoples, pero que no ensombrecieron un ápice la solidez de la presentación. Desde el comienzodel show con “Wicked Garden” todo fue una experiencia aplastante, con hit tras hit como “Crackerman”, “Vasoline”, “Silvergun Superman” o la efusividad de “Big Bang Baby” solo nos convencían de que STP está más vivo que nunca. Jeff Gutt, el cantante que alguna vez participó del famoso programa de talentos The X Factor, tiene carisma y un gran desplante, dentro de su capacidad para emular los movimientos escénicos de Weiland, que podría ser blanco de críticas, capta muy bien la esencia vocal del fallecido cantante, marginando su lado más inadaptado y autodestructivo, conjuga de alguna forma lo mejor de Scott, y logra que el sonido de la banda no se aleje de su identidad, obteniendo que la audiencia en algunos momentos se deje conquistar por su presencia.

Dean DeLeo, es el hombre que tras la guitarra conmueve, y uno de sus puntos altos los logra con los sentidos acordes  a punta de slides en “Big Empty”, que antecede a la tremenda “Creed” y a una versión a medio tiempo y sonoridades acústicas de “Plush” que progresa entre el feeling impuesto por Dean y la voz de Gutt, hacia un explosivo final más fiel a la rockera versión de estudio, con el público cantando como acostumbró durante todo el concierto. Dentro del contexto nostálgico,  hubo momentos para revisar algo del último trabajo publicado por los norteamericanos, y “Meadow” fue muy bien recibida por los fanáticos, que luego de la perfecta “Interstate Love Song”, también entregaron la venia a “Roll Me Under”, antes de caer rendidos ante los pesados riffs de “Dead & Bloaded”, donde todos desgarraron gargantas coreando junto a Jeff.

Un concierto que sentimos breve, pero que logró una intensidad avalada por la tremenda trayectoria de la banda, que en sus inicios fue criticada por algunos sectores, siendo comparados con otras agrupaciones de la época, sin embargo, se fueron haciendo un camino hasta desligarse completamente de las injustas acusaciones, logrando el respeto de sus pares y de los fanáticos. A estas alturas ya no tienen nada que demostrar, y su regreso a Chile así lo ejemplificó, en un concierto que para el final se reservó dos grandes clásicos de su primera época: “Trippin’ On A Hole in a Paper Heart” y “Sex Type Thing” fueron el colofón para una noche sublime, con dos agrupaciones que enarbolan himnos de toda una generación. 

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Esta noticia fue publicada por el área editorial de iRock.CL

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