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Conciertos

Masters of Voices en Santiago: Cuando las voces hacen historia

El estreno de la gira de Masters of Voices reunió a Eric Martin, Tim “Ripper” Owens, Edu Falaschi y Jeff Scott Soto en una noche donde cuatro trayectorias distintas coincidieron en una misma certeza: las grandes voces siguen perteneciendo al escenario.

Anoche comenzó la gira de Masters of Voices y definitivamente no fue un desfile de éxitos construido para vivir únicamente del recuerdo. Lo que ocurrió anoche tuvo otra naturaleza. Masters of Voices reunió sobre un mismo escenario a Eric Martin, Tim RipperOwens, Edu Falaschi y Jeff Scott Soto, cuatro cantantes con una historia que atraviesa algunas de las páginas más importantes del hard rock y el heavy metal, pero el resultado definitivamente no fue una suma de nombres. Funcionó porque cada uno encontró su propio espacio, permitiendo que el protagonismo fuera pasando de una voz a otra con absoluta naturalidad.

El estreno de la gira encontró además un respaldo instrumental difícil de igualar. Marcelo Barbosa y Leo Mancini en un muro de guitarras capaz de recorrer sin esfuerzo repertorios muy distintos entre sí, mientras Felipe Andreoli demostró por qué sigue siendo uno de los bajistas más sólidos del metal contemporáneo. Detrás de ellos, Edu Cominato con una precisión extraordinaria, adaptándose al lenguaje de cada cantante. No acompañaban a los vocalistas; eran parte esencial de un proyecto pensado para sonar como una banda de verdad y no como un simple encuentro de invitados.

Eric Martin fue el encargado de abrir la jornada, y bastaron unos minutos para recordar por qué es uno de los frontman más carismáticos de su generación. Entre bromas, sonrisas y una comunicación constante con el público, fue enlazando clásicos de Mr. Big. Su voz conserva la misma personalidad, pero es esa manera relajada de conducir el espectáculo la que termina marcando la diferencia. Todo parecía avanzar exactamente como uno imaginaba que debía hacerlo.

Hasta que apareció Tim “Ripper” Owens.

Hay artistas cuya presencia modifica inmediatamente el clima de un concierto. Owens pertenece a esa categoría. Antes de terminar las primeras canciones, el público ya coreaba “Ripper, Ripper, Ripper” con una fuerza que no necesitó ser provocada. Él respondió de la única manera que sabe hacerlo: cantando como solo él puede hacerlo. Cada entrada parecía aumentar la temperatura del recinto, convirtiendo temas como Electric Eye, Burn in Hell, Painkiller, Heaven and Hell o Breaking the Law en verdaderas explosiones de fuego.

Hace unos días había comentado que algunos conciertos europeos no habían sido sencillos desde el punto de vista vocal, pero en Santiago no quedó el menor rastro de aquello. Su registro apareció afilado, estable y extraordinariamente potente, con una seguridad que inevitablemente hacía recordar aquellas presentaciones junto a Judas Priest registradas a comienzos de los años dos mil. No por nostalgia, sino porque la voz transmitía exactamente la misma sensación de autoridad. Lo más impresionante no era alcanzar las notas, sino la naturalidad con que llegaba a ellas, como si semejante exigencia no representara ningún esfuerzo.

Después llegó el turno de Edu Falaschi, recibido con el afecto que siempre despierta en Chile. Su cercanía con el público, facilitada por ese español cargado de acento brasileño que ya forma parte de su identidad escénica, creó un ambiente distinto al de los bloques anteriores. Canciones de Angra fueron recibidas como auténticos himnos por una audiencia que lleva décadas acompañando su trayectoria, confirmando una vez más el vínculo especial que mantiene con el público sudamericano.

Jeff Scott Soto cerró el recorrido individual con la misma versatilidad que ha definido toda su carrera. Capaz de moverse con absoluta comodidad entre el hard rock más melódico y la potencia más metalica, encontró uno de los momentos más celebrados de la noche con Separate Ways, interpretada con esa mezcla de energía, oficio y desenfado que lo ha convertido en uno de los cantantes más respetados del circuito.

El cierre colectivo terminó por explicar el sentido del proyecto. Cuando los cuatro regresaron al escenario para compartir Living After Midnight, dejó de importar de qué banda provenía cada uno o cuál era el repertorio más esperado. Durante unos minutos, Masters of Voices dejó de ser una sucesión de presentaciones individuales para convertirse en una celebración compartida de un género construido por voces que conservan,sin lugar a dudas, la capacidad de emocionar.

En tiempos donde la nostalgia suele venderse como producto, Masters of Voices propone algo mucho más difícil de conseguir: demostrar que estas canciones siguen teniendo sentido porque quienes las interpretan continúan creyendo en ellas y porque están tan bien construidas que no pueden dejar de estar en el presente. Y si el estreno de la gira en Santiago dejó una certeza, fue que algunas voces no sobreviven únicamente por su historia. Sobreviven porque, cuando llega el momento de subir a un escenario, siguen siendo capaces de detener el tiempo.

Instagram Masters OF Voices Tour

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