Hay pasiones que no entienden de calendarios ni de despedidas. Se transmiten de generación en generación, sobreviven al paso del tiempo y encuentran en la música una forma de pertenencia que va mucho más allá de las canciones. En el universo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, esa conexión tiene nombre propio y es “La Mística Ricotera”. Un sentimiento que convirtió cada recital en una experiencia colectiva y cada viaje en una peregrinación hacia un lugar donde miles de personas podían reconocerse como parte de una misma historia.
Las rutas, las micros repletas, las estaciones, las calles tomadas por camisetas y banderas forman parte de una memoria que permanece intacta. Antes de que comenzara a sonar la primera canción, el ritual ya estaba en marcha. Había kilómetros recorridos, encuentros esperados y trapos pintados a mano que llevaban colores, nombres y mensajes nacidos de la devoción popular. Cada bandera era una declaración de identidad, en cada caravana, una muestra de que el vínculo entre el Indio Solari, los Redondos y su público nunca se limitó a lo que ocurría sobre un escenario.
La fotografía en este sentido, tiene la capacidad de detener esos instantes y devolverles vida. En cada imagen de este archivo aparece algo más que la multitud, pues están las miradas cómplices, la emoción compartida, el fervor de las calles y esa energía difícil de explicar a quien nunca formó parte de semejante ceremonia. Los rostros, los trapos al viento y los cuerpos entregados al pogo reconstruyen una geografía sentimental donde el rocanrol se convirtió en lenguaje común. Son escenas que hablan de una cultura popular construida desde abajo, con sus propios códigos, símbolos y maneras de habitar la música.
Octubre también convoca esa memoria. El mes que da nombre a uno de los discos fundamentales de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Oktubre (1986), conserva una fuerza simbólica que atraviesa décadas. Su imaginario, sus canciones y su identidad artística siguen encontrando eco en quienes hicieron de aquella música una parte de sus vidas. Y aunque la historia de los Redondos quedó atrás como banda, el universo ricotero continúa respirando en la memoria de sus seguidores, en los encuentros, en las remeras gastadas y en cada letra que vuelve a cantarse como si el tiempo no hubiera pasado.
El Indio Solari ocupa un lugar inconfundible en esa historia, pero la mística no pertenece a una sola figura, pues también vive en la gente que la hizo crecer, en quienes viajaron cientos de kilómetros para estar ahí y en quienes hoy mantienen encendida esa memoria. Porque hay rituales que no necesitan repetirse de la misma manera para seguir existiendo. Basta una canción, una fotografía o una bandera para regresar a ese territorio compartido donde la música se vuelve identidad. Oktubre es memoria, es calle y es sentimiento popular. Y mientras haya alguien dispuesto a cantar, recordar y reconocerse en esa historia, la mística ricotera seguirá siendo eterna.
Fotos | Yaroslavl Riquelme Williamson

































