Por @jaime_gonzalez_vocalista | fotos: @brutal_pebre
La visita de Tygers of Pan Tang representaba el regreso de una de las bandas fundamentales de la NWOBHM, responsable de influir en generaciones completas de músicos y dejar discos esenciales para la historia del heavy metal. La jornada comenzó con las sólidas presentaciones de Virgil’s Codex y Burning Path, dos propuestas nacionales que aportaron talento, emotividad y una fuerte conexión con las raíces más clásicas del género.
Con el ambiente completamente preparado, llegaría el turno de los británicos, quienes demostraron que su legado sigue tan vigente como siempre, apoyados en grandes canciones, una banda afiatada y un vocalista que terminó conquistando a todos los presentes.
VIRGIL’S CODEX: Mitología, talento y un debut que promete escribir su propia historia
Abrir una jornada dedicada al legado de la NWOBHM nunca es una tarea sencilla, pero Virgil’s Codex asumió el desafío con la tranquilidad de quienes, pese a ser una banda de reciente formación, cuentan con músicos y cantantes de amplia trayectoria dentro de la escena nacional. Bajo la dirección compositiva de Julio Soto, el proyecto reúne nombres provenientes de agrupaciones como Steelrage, Forsaken, Aisa y Hefesto, conformando una alineación que desde el papel ya hacía prever una propuesta de alto nivel.
La introducción instrumental “From Ashes and Ink” abrió las puertas a un universo donde la mitología griega sirve como eje narrativo. “Beyond The Gaze” permitió apreciar rápidamente la solidez instrumental del conjunto, mientras “Sisters of Warning” entregó uno de los momentos más destacados de toda la presentación. Allí, el trabajo vocal de Eva Murgas y Marcela Villarroel alcanzó una intensidad especial, siendo esta última quien terminó robándose gran parte de las miradas gracias a una interpretación llena de carácter y registros agudos impactantes que arrancaron aplausos espontáneos entre los asistentes.
A lo largo del show, Andrés “Chimbo” Muñoz demostró por qué es uno de los frontman más sólidos del circuito nacional. Más allá de cantar, supo conducir cada relato contenido en las canciones, apropiándose del escenario y transformándose en un auténtico narrador de las historias que la banda propone. “Mortal Sin” y “Stheno’s Wrath” reforzaron ese carácter épico y narrativo, mientras que “Vengeance of the Immortal” permitió lucir otro de los grandes atractivos de la agrupación, la interacción entre distintas voces. El trabajo conjunto de Jaime Contreras y Eva Murgas aportó dinamismo y profundidad dramática a una canción que parecía desarrollarse como un diálogo extraído directamente de las antiguas leyendas helénicas.
El cierre con “Virgil’s Codex” terminó de consolidar una presentación muy bien ejecutada, donde Gabriel García, Julio Poblete y Gianfranco Ferrera aportaron personalidad sin perder nunca la cohesión del conjunto. Fue un debut que dejó una impresión particularmente positiva, demostrando que detrás de este nuevo nombre existen músicos con experiencia, oficio y una visión artística clara. Si esta primera aparición sirve como referencia de lo que está por venir, Virgil’s Codex parece destinado a escribir capítulos importantes dentro del heavy metal nacional.
BURNING PATH: El fuego continúa encendido
La historia de Burning Path posee una carga emocional imposible de separar de su música. La banda nace como la continuación natural del legado de Lucifer’s Hammer tras la temprana y dolorosa partida de su líder, Hades, una figura muy querida dentro del heavy metal nacional. Por eso, la banda lleva consigo memoria, amistad y la convicción de mantener vivo un camino que parecía destinado a detenerse demasiado pronto.
Uno de los aspectos más llamativos de esta nueva etapa es ver a Titán asumir un rol completamente distinto. Conocido durante años por su trabajo tras la batería, ahora toma las riendas como guitarrista y vocalista principal, enfrentando un desafío enorme que resolvió con gran solvencia. Desde la introducción y “Chasing the Future“, la banda dejó en evidencia una identidad marcada por los riffs creativos, las melodías inspiradas en la escuela clásica de la NWOBHM y un trabajo instrumental que conecta directamente con las raíces más tradicionales del heavy metal.
“A Step Far Beyond” y “Another Day” encontraron una audiencia completamente entregada, que respondió con entusiasmo a cada una de las composiciones. Sin embargo, el momento más emotivo de toda la presentación llegó con “Lucifer’s Hammer“. La histórica pieza instrumental trascendió su condición de canción para transformarse en un sentido homenaje. Parecía invocar el recuerdo de una etapa fundamental para la banda y para quienes hemos seguido su trayectoria durante años. Fue uno de esos instantes donde la música habla por sí sola y donde el respeto del público se vuelve palpable.
“The Darkness That Will Last” y “Take Me High” terminaron de consolidar una actuación que dejó excelentes sensaciones. Aunque por momentos el reloj parecía transformarse en un enemigo y la posibilidad de acortar el set estuvo presente, la producción comprendió rápidamente el valor especial que tenía esta presentación y permitió que la banda completara todo el repertorio preparado. Un gesto que fue celebrado tanto arriba como abajo del escenario.
Hace apenas unas semanas Burning Path había realizado su debut en vivo en Perú. Ahora, frente a su público y en su propia tierra, demostraron que este nuevo capítulo posee identidad, fuerza y una dirección clara. El legado del martillo sigue presente, pero ya no como una mirada al pasado, sino como una llama que continúa avanzando hacia adelante. Y tras una actuación tan sentida como contundente, la sensación que quedó en el ambiente fue la mejor posible para recibir al protagonista de la noche.
TYGERS OF PAN TANG: La Nueva Ola volvió a rugir
Desde aquellos años fundamentales de la New Wave of British Heavy Metal, su nombre quedó ligado a una generación que redefinió para siempre el sonido del metal. Por eso, lo vivido anoche tuvo un componente emocional difícil de ignorar, era encontrarse cara a cara con una parte viva de esa historia que tantas veces fue escuchada a través de discos gastados, carátulas clásicas y relatos de una época irrepetible.
El arranque con “Euthanasia” mantiene intacta laa combinación de melodía, fuerza y elegancia que siempre caracterizó a los británicos. Su letra, que aborda la libertad de decisión frente al sufrimiento y la fragilidad humana, encontró una interpretación cargada de intensidad. Desde el primer minuto, el público respondió cantando y acompañando cada estribillo.
Pero gran parte de la magia de la noche tuvo nombre y apellido, Jack Meille. Su desempeño fue sencillamente impresionante. Durante toda la presentación se mostró como un vocalista en estado de gracia. No erró una sola nota, dominó cada registro con aparente facilidad y transmitió una energía contagiosa. Entre canciones conversaba naturalmente con los asistentes, sonreía, jugaba con las primeras filas y demostraba una felicidad genuina por la recepción que estaba teniendo la banda y parecía disfrutarlas junto al público.
“Gangland” fue uno de los primeros grandes momentos de la jornada. Clásico absoluto del período dorado de la agrupación, su relato de violencia urbana y supervivencia conserva toda la fuerza de aquellos años. La respuesta del público fue inmediata. Su coro era devuelto con la misma pasión con que seguramente fue cantado décadas atrás. Ahí volvió a hacerse evidente algo que ya habíamos destacado en la nota previa, la enorme capacidad de Tygers of Pan Tang para construir melodías memorables sin sacrificar agresividad ni actitud.
“Keeping Me Alive“, “Back for Good” y “Take It” mantuvieron el nivel en lo más alto. Particularmente esta última destacó por su espíritu desafiante y directo. Es una canción que encapsula perfectamente la esencia del heavy metal clásico, determinación, energía y una invitación constante a avanzar. El público la recibió como uno de los himnos de la noche.
La presentación continuó equilibrando distintas etapas de su carrera. “Electrified“, “Only the Brave” y “Paris by Air” demostraron que la banda sigue teniendo material sólido más allá de sus clásicos históricos. Mientras tanto, la conexión con los asistentes no hacía más que crecer. Era evidente que los músicos estaban disfrutando tanto como quienes observábamos desde abajo.
“White Lines” y especialmente “Slave to Freedom” aportaron una carga emocional distinta. Esta última, con su mensaje de emancipación y búsqueda de identidad, encontró una audiencia completamente involucrada. El público los acompañó como si las canciones hubieran formado parte de su propia historia durante décadas.
El paso por “Love Potion No. 9” aportó un momento de diversión y desenfado antes de que llegara uno de los puntos más intensos de la noche. Antes de “Hellbound“, Jack anunció que venía una canción rápida. La reacción fue instantánea. Los primeros empujones comenzaron a sentirse y, cuando los riffs arrancaron definitivamente, apareció un mosh inesperado y celebrado. La canción, con toda su velocidad y espíritu indomable, sonó feroz. La energía acumulada durante toda la jornada encontró ahí una vía de escape perfecta.
“Love Don’t Stay” permitió tomar aire antes del cierre definitivo. Y entonces llegó “Suzie Smiled“. Una canción histórica, perteneciente a los primeros años de la banda, que conserva intacto el encanto tan característico de la NWOBHM, donde la melodía y la emoción siempre convivieron con la fuerza. Fue un final perfecto para una presentación que logró conectar generaciones distintas bajo un mismo lenguaje.
Lo que hizo especial esta visita no fue solamente la calidad musical, que fue extraordinaria. Fue la sensación permanente de estar observando músicos que siguen creyendo profundamente en lo que hacen. La alegría de Jack Meille, la entrega de cada integrante y la respuesta constante del público construyeron una atmósfera de celebración genuina.
Porque algunas bandas logran mantenerse relevantes emocionalmente. Anoche, Tygers of Pan Tang demostró que el rugido que ayudó a dar forma al heavy metal sigue teniendo la misma fuerza para emocionar, inspirar y unir a quienes continúan encontrando en esta música una parte fundamental de sus vidas.
Quizás esa sea la verdadera victoria de bandas como Tygers of Pan Tang. No necesariamente mantenerse activas durante décadas, ni seguir grabando discos o recorriendo el mundo. Su mayor triunfo es lograr que una canción nacida hace más de cuarenta años siga provocando exactamente lo mismo. Anoche vimos a decenas de personas encontrándose con distintas versiones de sí mismas a través de esas canciones. El adolescente que descubrió el heavy metal, el adulto que nunca dejó de creer en él y el músico que alguna vez soñó con tocar esos riffs convivieron en un mismo lugar. Y cuando ocurre algo así, el tiempo deja de avanzar en línea recta. Se pliega sobre sí mismo, une generaciones y convierte una noche cualquiera en un recuerdo destinado a quedarse durante mucho tiempo.


















