Connect with us

Artículos

The Sopranos: Journey y el fin de la esperanza

El día que la música no pudo salvarnos y se volvió advertencia: el dolor de lo inconcluso y cómo The Sopranos reprogramó un icónico himno

Durante décadas, Don’t Stop Believin’ fue promesa. Himno de estadio, de karaoke, de manos en alto. Una canción construida para mantener la ilusión de que todo puede salir bien si uno insiste lo suficiente. Hasta que The Sopranos decidió usarla no como celebración, sino como tensión. Y ya no volvió a sonar igual.

Porque la serie entendió algo que el rock sabe desde siempre, que una canción no es fondo, es poder y esta no acompaña una escena; la condiciona. Puede instalar épica, fabricar pertenencia o sembrar sospecha. Y cuando se instala en el momento exacto, puede ser más perturbadora que cualquier disparo.

La canción como construcción de fe

El rock clásico muchas veces trabajó con promesas. Creer, resistir, no rendirse. Journey convirtió esa energía en marca registrada: melodías expansivas, estribillos que abrazan multitudes. Don’t Stop Believin’ no era solo una canción; era un gesto colectivo.

Pero The Sopranos toma esa fe y la coloca en el peor lugar posible: una mesa familiar atravesada por paranoia. La esperanza no desaparece de inmediato, pero se vuelve sospecha. Cada acorde empieza a sonar como una advertencia ominosa.

El corte a negro como acto musical

El trauma del final no es el silencio. Es la interrupción. Es dejar la frase suspendida. La serie no necesitó mostrar violencia para generar violencia emocional. Bastó cortar la música en el momento en que la promesa parecía afirmarse.

Aquí no hay muerte real, no mataron a un personaje, mataron la expectativa. Y en ese gesto demostraron que el poder no siempre está en lo que suena, sino en lo que se interrumpe.

Cuando la esperanza suena a advertencia

Desde entonces, cada vez que suena Don’t Stop Believin’, algo se activa. La memoria del corte. La incertidumbre. La posibilidad de que todo termine sin aviso. La ficción reprogramó una pieza del imaginario rockero.

En música, el silencio no es vacío: es parte de la composición. Marca tensión, anticipa la caída. Los silencios también se escriben. Pero este no resolvió nada. No ofreció redención. Nos dejó suspendidos, obligados a sentir lo que no queríamos.

El peligro nunca estuvo en el ruido, sino en lo que se interrumpe. En lo que no alcanza a consumarse. Y ahí entendimos algo incómodo: la música no siempre está para salvarnos. A veces está para que no podamos escapar.

Journey – Don’t Stop Believin’ (Escape Tour 1981: Live In Houston)

Written By

Destacado

“Balls to the Wall” en vivo: Udo Dirkschneider y Peter Baltes regresan a Chile

Conciertos

Del ruido a la anestesia: cómo la música ha dejado de incomodar al poder

Artículos

Dying Fetus confirma su esperado regreso a Chile

Conciertos

Quilapayún: “Nosotros escuchamos todo tipo de música y eso es muy sano”

Entrevista Nacional

Advertisement

Connect
Suscríbete a #iRockCL