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Conciertos

Dirkschneider: Lo más cercano al Accept con el que nacimos.

La banda se presentó en Santiago el pasado martes 28 de abril.

Por @jaime_gonzalez_vocalista

Las expectativas eran altas por ver a Udo Dirkschneider y Peter Baltes compartiendo escenario, y lo que eso representaba, la forma más cercana y tangible de volver al Acceptprimigenio que moldeó el carácter del heavy metal. Era una cita con una historia que sigue respirando.

Y antes de ese encuentro, el escenario quedaría en manos de quienes hoy buscan escribir su propio capítulo. Force y Letalis, ambas finalistas del Wacken Metal Battle, llegaban con el peso de demostrar por qué sus nombres ya están cruzando fronteras.

Lo que se armaba era un puente entre el pasado y el presente, entre quienes levantaron los cimientos y quienes vienen a golpear la puerta con la misma convicción. Y cuando esos mundos se cruzan, lo que ocurre se siente en el pecho.

Force: hambre de comerse el mundo.

Había algo simbólico en que Force estuviera abriendo la jornada. No solo por su presencia reciente en la órbita del Wacken Metal Battle, donde terminaron imponiéndose a nivel sudamericano, sino porque representan el punto exacto donde el Glam/Hard Rock/heavy metal vuelve a sentirse joven, ambicioso y desinhibido, con energía juvenil.

El arranque con “All False”, mostraba su intención real de marcar presencia desde el inicio. “Speed” elevó inmediatamente la intensidad, con un pulso acelerado a doble bombo que encontró rápida respuesta en el público, mientras “Sexrider” comenzó a instalar ese aire más provocador, más cercano a la escuela clásica del exceso y la actitud.

Visualmente, el show estaba trabajado con una dedicación poco común para una banda emergente. Las pantallas detrás estaban detalladamente trabajadas. El logo con vida propia, las imágenes de estética cuidada, artística, reforzaban una identidad propia. Todo estaba pensado para impactar.

Uno de los pilares más sólidos fue Camila en la batería, con un despliegue técnico contundente. El doble bombo golpeaba con precisión y potencia, y la presencia de los dos bombos aéreos brillantes aportaba visualmente, elevando la imponencia del escenario.

Al frente, StarBoy cumplía con creces el rol de frontman. Hay algo en su propuesta que remite directamente a los inicios de Mötley Crüe, desenfado, actitud y una voz capaz de alcanzar registros agudos con soltura y energía. Incluso la presentación de los integrantes se transforma en un juego con el público, inventando coros, generando participación constante.

Dance to Rock” y “Shine Like Me, Bitch” terminaron de consolidar su conexión. En medio del show, el lanzamiento de condones marca “Force” hacia el público fue un gesto tan inesperado como coherente con la estética, provocación, humor y un guiño al exceso ochentero que nunca pasa de moda.

En conjunto, lo de Force fue juventud con hambre y una clara intención de comerse el escenario sin importar nada. Un inicio que calentó motores y dejó claro que el relevo generacional viene con carácter.

Letalis: acero e insoportable fuego en ascenso. 

Letalis llegó para avivar el incendio con una identidad muy especial. Hace tiempo que dejaron de ser una promesa, ya son una realidad en construcción que está marcando territorio, final nacional del Wacken Metal Battle, giras sudamericanas en el cuerpo, gira nacional en ejecución y, como confirmación de su proyección, su próxima aparición en el Keep It True, uno de los templos más respetados del heavy metal underground a nivel mundial, desde Alemania.

Ahora había una densidad distinta, una sensación de que lo que venía tenía más filo. “Sigo Aquí Sin Huir” marcó ese primer golpe, seguido por “Veneno de Escorpión”, donde la banda comenzó a desplegar su identidad ya conocida, velocidad, agresión y una estética cuidada que se siente completamente asumida y compenetrada.

En el centro de todo está Jackilling. Una frontwoman que no pasa desapercibida ni por un segundo. Su presencia es dominante, hombreras puntiagudas, capa que remite a una inquisición oscura, cuero, actitud. Pero más allá de lo visual, lo que realmente atrapa es su voz. Carraspeada, ajada, con gruñidos y gritos agudos que raspan, incomodan y desafían directamente al oído. No busca agradar, porque el metal es insoportable (guiño).

La banda que la acompaña está completamente alineada con esa propuesta. Cada integrante entiende su rol y lo ejecuta con energía constante, generando un bloque sólido que sostiene el espectáculo sin decaer. Se nota trabajo y la convicción que los mueve.

Fiera de Acero” y “Directo a la Muerte” empujaron el show hacia un terreno más frontal, donde el speed metal se vuelve protagonista. Luego, con “Insoportable Speed” y “Verdadero Poder”, la intensidad se mantuvo alta, con el público siguiendo atentamente la propuesta y participando en ella. Aquí no hay espacio para la tibieza.

Uno de los momentos más efectivos llegó con “Escupe Fuego”. Como ya es costumbre, Jackilling tomó el control del público, enseñando los coros, exigiendo respuesta, construyendo el momento colectivo que termina explotando en un cierre cargado de adrenalina. La secuencia animada de fondo sumaba a la experiencia, pero era la conexión directa con la gente lo que realmente elevaba el momento.

Entre canciones, hubo espacio para agradecer y mencionar su próxima ruta por Europa, reforzando la idea de una banda en vías de expansión. 

Fue una presentación con carácter y una claridad estética que no siempre se ve en propuestas emergentes. Speed metal con actitud, identidad y una frontwoman que se tomacada espacio.

Dirkschneider: heavy metal con puños apretados

La posibilidad de ver a Udo Dirkschneider junto a Peter Baltes no era menor. Era, en muchos sentidos, lo más cercano a volver a ver a Accept en su forma más esencial. Y todos los presentes así lo entendíamos, sin excepción. 

Fast as a Shark” fue una detonación. El mosh apareció inmediato,  como si hubiera estado esperando durante años ese riff. La velocidad y agresión del tema lo convirtieron en un punto de partida perfecto. Hablar de “Fast as a Shark” es invocar uno de los pilares del speed metal, crudeza y una sensación de persecución constante, como si la música estuviera al borde del colapso.

Living for Tonite” y “Midnight Mover” mantuvieron el pulso alto, aunque especialmente en esta última es donde se sintió la conexión más profunda con la audiencia. Su aire urbano y decadente, hicieron que el público la coreara completa. Y no solamente las letras, sinotambién los solos. Y ahí aparece algo clave en el ADN de Accept, sus leitmotivs de guitarra que se quedan pegados y se pueden cantar, que transforman los riff en un himnocantado.

Breaker” y “Flash Rockin’ Man” siguieron golpeando con la escuela más cruda y directa, hasta llegar a “Metal Heart”. Y ahí el ambiente cambió. La introducción, con su guiño a la música clásica, dio paso a uno de los himnos más reconocibles del heavy metal. La letra, que reflexiona sobre la deshumanización y la pérdida de emociones en un mundo cada vez más frío, encontró una respuesta masiva. Se notaba que el público la sentía.

El bloque central fue una sucesión de clásicos donde el tiempo dejó de existir. “Balls to theWall” fue, sin discusión, uno de los momentos más altos. Su mensaje, cargado de rebeldía y resistencia frente a la opresión, sigue vigente. Es una canción que trasciende generaciones porque habla de algo universal, plantarse frente al poder. Y en vivo, eso se transforma en un grito imposible de contener.

London Leatherboys”, “Fight It Back” y “Head Over Heels” mantuvieron la energía en un nivel constante, mientras “Losing More Than You’ve Ever Had” aportó una carga más emocional, e introspectiva.

Love Child” devolvió la provocación. Una canción que juega con la irreverencia y lo prohibido, con una estética provocadora que siempre acompañó al heavy metal en sus años más desafiantes. Y luego, “Losers and Winners”, con su mensaje irónico, que habla de la dualidad constante entre el éxito y el fracaso, fue muy coreada por el público. Todos cantando a todo pulmón.

Guardian of the Night” y “Winterdreams” prepararon el terreno para el cierre, bajando levemente la intensidad y cargar de atmósfera el ambiente. Pero eso solo era antes del golpe final.

El encore fue otra historia. “Princess of the Dawn” desde su intro, con su aire épico ynarrativo, el público entró en una especie de trance. Y cuando llegó el momento de los coros extendidos, ese “oh-oh-oh” infinito, la sala completa se transformó en una sola. Era como sostener una emoción en el tiempo y estirarla hasta que doliera. Un momento de esos que justifican todo.

Up to the Limit” devolvió la velocidad, pero el cierre con “Burning” fue el golpe definitivo. Una descarga de energía pura, donde la banda y el público parecían competir por quién dejaba más en el escenario. No quedaba nada guardado.

Lo de Udo Dirkschneider es un real legado. Su voz, áspera, inconfundible, sigue siendo un sello que define una era completa del heavy metal. Y junto a Peter Baltes, la sensación de historia viva se vuelve tangible.

Porque Accept es una de las columnas vertebrales del heavy metal europeo. Su forma de construir riffs y generar himnos, de transformar cada canción en una experiencia, es parte de lo que hoy entendemos como el género.

Sus canciones sonaron con la misma fuerza con la que alguna vez marcaron a quienes estaban ahí, décadas atrás, descubriéndolas por primera vez.

Ver a ambos sostener ese legado es comprobar que ciertas formas de entender el heavy metal, directas, firmes, sin adornos innecesarios, siguen teniendo un lugar intacto, incluso en medio de todo lo que ha cambiado.

Y en esa conexión, entre generaciones que aprendieron a amar esta música en distintosmomentos, ocurre algo especial, las canciones dejan de pertenecer a una época y pasan a ser parte de quienes las cantan. Anoche se confirmó que ese fuego nunca se movió de lugar. Sigue ahí, esperando cada oportunidad para volver a encenderse con la misma intensidad.

Fotos @josemiguelaraya

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Noticia publicada por el área editorial.

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