Por @jaime_gonzalez_vocalista | Fotos @brutal_pebre
El Teatro Cariola se transformó anoche en un reino fantástico para recibir por primera vez en Chile a Gloryhammer, una visita largamente esperada que reunió a un público entusiasta, disfrazado y listo para sumergirse en la épica interdimensional de la banda. Se anticipaba una celebración desbordante, que encontró un arranque perfecto con las potentes presentaciones de Dolezall, actualmente promocionando The Book of Mysteries, y Steelrage, quienes volvieron a demostrar por qué son una de las cartas fuertes del metal nacional. Con una fanaticada fiel y el ambiente cargado de expectativa, la jornada prometía (y cumplió) un espectáculo inolvidable.
Dolezall abrió la jornada con un sonido nítido y potentísimo, desplegando una puesta en escena impecable donde cada integrante lucía atuendos medievales que reforzaban el ambiente temático de la noche. Desde su apertura con “The Oaken Shields” quedó claro que el nivel técnico de la banda es altísimo, músicos completamente compenetrados, ejecución precisa y una mezcla que permitía apreciar cada detalle. Felipe del Valle, dueño de una voz extraordinaria, dominó el escenario desde el primer momento, apareciendo con un casco de caballero cruzado y soltando agudos que rozaban lo imposible para un mortal común. Su versatilidad vocal, acompañada por la fuerza instrumental de temas como Scourge of God, Heir of the Cross y Bloodbath Feast, mantuvo al público totalmente atento.
La teatralidad fue un punto alto de su presentación. En Bloodbath Feast, Felipe cambió el casco por una capa oscura que lo transformó en una figura vampírica; más tarde, para presentar The Lady of the Death, relató la historia de Elizabeth Bathory, la condesa sangrienta que asesinaba hombres para bañarse en su sangre y conservar su juventud, y apareció con una chaqueta de caballero de época que reforzaba el relato. El cierre llegó con Jack the Ripper, donde el cantante introdujo la canción contando la leyenda del infame asesino londinense y se puso un sombrero de copa, rematando un show lleno de dinamismo, creatividad y oficio. Dolezall entregó una presentación espectacular, sólida en lo musical y vibrante en lo conceptual.




Steelrage salió al escenario con la solidez de quienes ya son parte de la sangre del heavy metal nacional, iniciando con su intro Rage of Steel. para dar paso a una entrada arrolladora de Glory, donde la batería de David Plaza se robó todas las miradas. Su doble bombo, potente y técnico, capturó de inmediato la atención del público, demostrando un nivel de energía que parecía incluso mayor al mostrado apenas días antes en el PowerOfMetalFestChile. Lejos de mostrar cansancio, la banda llegó con impulso renovado, desplegando una puesta escénica cargada de actitud, precisión y entrega total.
Jaimesteel, con una battlejacket que reforzaba la estética más pura del Heavy Metal, comandó al público con carisma, haciéndolos cantar coros, aplaudir y seguir melodías que él mismo iba marcando para mantener a todos conectados. Cada integrante brillaba en su rol, Julio Soto en el bajo aportando firmeza y peso con una performance extraordinaria llena de actitud, Mario Escárate entregando riffs y sonrisas por doquier, como alguien que realmente disfruta lo que está haciendo sobre escena y Francisco Pérez, impecable en guitarra y coros, sumando fuerza y textura al sonido final. Canciones como My DarkPassenger, Through the Storm, The Last Card y We’ll Never Give Up consolidaron una presentación intensa, enérgica y profesional. Steelrage volvió a demostrar por qué son considerados “de la casa”, siempre listos, siempre sólidos, siempre encendiendo al público.




Gloryhammer: Una noche de unicornios, acero estelar y pura fantasía desatada
A las 21:00 en punto el Teatro Cariola se sumió en oscuridad. Un único haz de luz iluminó la imagen proyectada de Tom Jones, como si él mismo estuviera en medio del escenario interpretando Delilah, ante la absoluta sorpresa del público. Apenas terminó la canción, el gesto sátiro dio paso al ataque directo: Gloryhammer irrumpió entre explosiones de luces con “The Land of Unicorns”, desatando un estruendo ensordecedor en la multitud. Apenas sonaron los primeros compases, el público abrió una ronda, llamarle mosh sería osado, donde, tal como si el guion lo exigiera, comenzaron a aparecer unicornios danzando entre el público, metiéndose al círculo como si formaran parte de la narrativa del show.
El teatro parecía otro mundo. Entre la gente se veían dragones, hechiceros, caballeros, criaturas interdimensionales, martillos gigantes, espadas y dagas de utilería. Una fauna épica que convertía el recinto en una convención de fantasía medieval intergaláctica. Esa preparación del público amplificó la atmósfera de inmersión, todos querían ser parte activa de la leyenda que Gloryhammer construye en vivo.
La banda entró con una puesta en escena espectacular, vistiendo sus ya míticos atuendos, Sozos Michael como el heroico Angus McFife, imponente con su traje de paladín galáctico, Christopher Bowes como Zargothrax con apariencia de hechicero oscuro, Paul Templing(Ser Proletius) vestido como guerrero estelar, James Cartwright (The Hootsman) con su estética bárbara y Ben Turk, el guardián rítmico de los universos alternos. Visualmente, ningún detalle quedaba al azar.
Cada canción del setlist era recibida como un himno: “He Has Returned”, “Fly Away”, “Angus McFife”, “Questlords of Inverness” y “Wasteland Warrior Hoots Patrol” fueron coreadas con potencia demoledora. De hecho, no había nadie que no supiera todas las letras, los coros retumbaban tan fuerte como la propia banda.
Wasteland Warrior Hoots Patrol marcó uno de los puntos altos, mientras la multitud cantaba a grito pelado, un extraterrestre apareció en el escenario tocando un saxofón, causando una reacción delirante entre los asistentes.
La teatralidad continuó en “Gloryhammer”, donde el alienígena regresó, esta vez empuñando un martillo enorme con el que intentó atacar a Angus. Pero Sozos, en su rol de héroe, le arrebató el arma y lo derrotó ante los vítores del público, que celebró el momento como si fuera la escena final de una película.
En “Universe on Fire”, uno de los instantes más emotivos de la noche, Sozos inició la canción a capela, invitando al público a unirse. El Cariola se transformó en un coro masivo, marcado por palmas constantes que no cesaron ni cuando la banda retomó la instrumentación. La energía era tan alta que varias rondas se formaron espontáneamente, con la gente moviéndose con una alegría casi ritual.
El cierre fue apoteósico. “Hootsforce” mantuvo la vibra marcial y aventurera, generando saltos sincronizados mientras el público emulaba disparos de energía imaginaria.
“The Unicorn Invasion of Dundee” desató uno de los cantos más fuertes de la noche, celebrando la historia absurda y épica que ya es insignia de Gloryhammer.
Finalmente, “The National Anthem of Unst” cerró la jornada con tono ceremonial, como un himno de guerra para una nación fantástica en la que, por una noche, todos fuimos ciudadanos.
Gloryhammer, montó un espectáculo narrativo, sátiro y musical, sostenido por un público completamente inmerso en la experiencia. Una presentación brillante, teatral y llena de detalles que hicieron del Cariola un reino aparte, donde unicornios, paladines y criaturas del espacio compartieron un mismo canto. como su bandera… el trueno jamás callará.
Al concluir la jornada, reflexionaba sobre el por qué el metal, en todas sus ramas, sigue siendo un refugio emocional, un espacio de comunidad y una fuente inagotable de historias que nos permiten escapar, soñar y sentirnos parte de algo más grande. Gloryhammerentregó una fantasía desbordante, Dolezall desplegó un nivel artístico de clase mundial y Steelrage reafirmó la fuerza del talento local, juntos construyeron una velada donde la música y la imaginación caminaron de la mano. Cuando las luces se encendieron, quedó flotando esa sensación única de plenitud que solo se consigue cuando un show logra trascender lo escénico y se convierte en una experiencia que acompañará durante mucho tiempo.

























