Iron Maiden ha decidido volver a vivir su historia. La gira Run For Your Lives, con la que la Doncella
de Hierro celebra sus 50 años, recorre exclusivamente los primeros nueve discos de su carrera,
desde Iron Maiden (1980) hasta Fear of the Dark (1992), concentrándose en una época en la que
la banda pasó de ser una explosión del underground británico a convertirse en una de las
agrupaciones más importantes de la historia del heavy metal.
El recorrido comenzó con una banda muy distinta a la que terminó conquistando estadios. Los dos
primeros discos, Iron Maiden y Killers, tienen la energía adolescente de una banda que está
peleando por hacerse un lugar dentro de un movimiento naciente. La voz de Paul Di’Anno
aportaba una rudeza callejera que contrastaba con las melodías de Steve Harris, las guitarras de
Dave Murray y Dennis Stratton y el particular sentido de la composición que comenzaba a
diferenciar a Maiden del resto de la NWOBHM.
“Prowler” es la canción culpable de estar hoy en día en esta senda. Un niño de 13 años
escuchando en su radio guitarras comenzando como un lamento extraño, luego velocidad, un bajo
galopante y una voz que parecía hacer algo completamente distinto a lo que uno imagina al ver un
monstruo en su portada. Es una canción que representa perfectamente la primera etapa y que,
pese a su importancia, nunca ha sido interpretada en Chile. Quizás por eso sería un verdadero
regalo escucharla finalmente en estas fechas.
Y dentro de ese mismo debut existe una dimensión mucho más melódica. “Remember
Tomorrow” demuestra que detrás de aquella agresividad había una banda capaz de construir
atmósferas, desarrollar melodías y bajar la intensidad sin dejar de ser rudos. Killers llevó esa
fórmula todavía más lejos. “Wrathchild”, “Murders in the Rue Morgue” y especialmente “Killers”
muestran una banda más segura, más rápida y con una interacción entre guitarras y bajo que
terminaría convirtiéndose en una de sus principales características.
Pero la salida de Paul e inminente llegada de Bruce Dickinson trajo una transformación que
cambió para siempre la historia del grupo. The Number of the Beast (1982) presentaba una nueva
voz y amplificó todo lo que Iron Maiden ya venía construyendo. Dickinson podía moverse desde
registros agresivos hasta notas prácticamente operáticas, mientras Harris encontraba
composiciones cada vez más ambiciosas. “Hallowed Be Thy Name”, “Children of the Damned” y
“Run to the Hills” entraban en un escenario donde el heavy metal podía ser veloz, épico, melódico
y narrativo al mismo tiempo.
Piece of Mind siguió avanzando más y más en esta evolución. Con Nicko McBrain reemplazando a
Clive Burr, la sección rítmica adquirió otra personalidad y canciones como “Where Eagles Dare”,
“Revelations”, “The Trooper” y “To Tame a Land” manifestaron que Maiden podía seguir
creciendo sin abandonar la identidad que los había hecho distintos.
Y aquí viene la etapa más extraordinaria de su historia, una trilogía perfecta, en donde
porcentualmente los fanáticos de la doncella generalmente nombran su disco favorito en uno de
estos tres. Powerslave (1984), Somewhere in Time (1986) y Seventh Son of a Seventh Son (1988)
forman una triada en la que Iron Maiden parece haber decidido que ya no existían límites
demasiado grandes para el heavy metal. El primero llevó su épica hasta el antiguo Egipto y produjo
canciones como “Aces High”, “Powerslave” y “Rime of the Ancient Mariner”, con una extensión
que nunca se había visto en su historia, ni menos aún en la New Wave Británica. El segundo
incorporó sintetizadores y texturas más modernas adicionadas a sus guitarras gemelas, siempre
con el bajo galopante reconocible y de sello personal. “Wasted Years”, “Caught Somewhere in
Time” y “Alexander the Great” son canciones que hasta el día de hoy sacan lágrimas al tocarlas en
vivo, y no solo por su majestuosidad de sonido y composición, sino que líricamente han hecho
mucho sentido a quienes se inmiscuyen en sus letras de forma profunda. Aún resuena el mandato
de Bruce a no perder el tiempo en los años perdidos, sino que aceptar que hoy mismo, estamos
viviendo en los años dorados.
Y con Seventh Son of a Seventh Son estaban imparables en su proceso creativo. La banda
construyó un álbum conceptual donde las guitarras, los teclados y las estructuras progresivas
conviven con algunas de sus melodías más memorables. “Infinite Dreams”, “The Evil That Men
Do”, “The Clairvoyant” y la canción que da nombre al disco representan el punto en que Maiden
dejó de limitarse a perfeccionar una fórmula y comenzó a explorar hasta dónde podía llevarla. La
historia del séptimo hijo narrada canción a canción en todo su esplendor, viviendo el ciclo de la
profecía, en un disco que supera la música, para pasar a ser un libro contado por una voz que
solamente sabe sorprender en cada verso.
Después llegaron No Prayer for the Dying y finalmente Fear of the Dark, discos que marcaron otra
transformación antes de la salida de Dickinson. Y el valor de esta gira está precisamente en
detener el reloj ahí, en una época donde Iron Maiden todavía estaba construyendo, disco a disco,
las herramientas que terminarían convirtiéndola en una institución del metal.
Por eso las dos noches en el Estadio Nacional serán la posibilidad de recorrer doce años de
historia, a través de las canciones que construyeron esta leyenda. Y si el repertorio mantiene la
estructura que la banda ha venido presentando durante la gira, Chile podrá escuchar en una
misma noche, el sonido primigenio de una etapa creativa que influye directamente a casi la
totalidad de camadas de bandas metaleras que vinieron en los años venideros.
Cincuenta años después de comenzar el viaje, Iron Maiden vuelve al origen para demostrar que
algunas historias sí necesitan ser contadas nuevamente y es absolutamente necesario volver a
tocarlas.
IRON MAIDEN
Fecha: 31 de Octubre y 01 Noviembre, 2026
Lugar: Estadio Nacional.
Invitado especial: Mammoth y Nuclear
Entradas: Ticketmaster
Produce: DG Medios


















