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Conciertos

Live Review | Premiata Forneria Marconi, uniendo continentes con la música

26 de abril 2018 | Teatro Oriente

Nota: Freddy Veliz | Fotos: Barby Box

 

Dos años pasaron para que, luego de su debut en Chile, la legendaria banda italiana de rock progresivo Premiata Forneria Marconi, regresara por este lado del mundo. La importante agrupación, que mantiene viva la esencia del género, cuyo auge en los setentas, marcó de forma creciente al circuito musical del país de los Apeninos, cruzó el Atlántico para traernos una muestra de su gran repertorio.

En el conjunto, compuesto por siete integrantes, solo se mantiene  el baterista y cantante Franz Di Cioccio de la formación original, seguido de Patrick Djivas en el bajo, quien llegó a la banda en 1974, lo que no merma el resultado final de lo que logran con caras renovadas generacionalmente, músicos que aportan con gran talento y eficacia desde cada uno de sus frentes, destacando de sobremanera el violinista Alessandro Bonetti. La formación no ha sufrido cambios desde la primera visita, repitiéndose la tónica de ver un show donde la frescura se mantiene intacta.

El 2017, PFM publicó su decimonoveno álbum de estudio titulado ‘Emotional Tattoos’ , demostrando que aun mantienen activas las ganas de componer y mantener su vigencia sin depender de sus años de mayor apogeo, y así también quedó demostrado en un show que nos llevó a viajar por sus primeras y más recordadas obras, hasta algunos de los cortes que componen su más reciente placa, desde donde extraen “We’re Not An Island” para dar inicio al concierto, donde clásicos como “La Luna Nova”, “Il Banchetto” ,el  maravilloso madrigal “Dove…quando…(parte 1)”, “La Carroza di Hans” o la imprescindible “Impressioni di Settembre”, daban paso a las noveles “Freedom Square” y “La Danza Degli Apecchi”, esta última una declaración de principios, donde Franz afirma que la música va más allá de los géneros, y que es capaz de unirnos en un solo continente, en ella relata en parte sus vivencias viajando por el mundo, Roma, Nueva York, Londres, Buenos Aires y Santiago, son algunas de las ciudades a las que se refiere, en medio de arreglos instrumentales, que contagian en un baile de connotaciones tribales, el vocalista danza en una especie de ritual afro, provocando una festiva atmósfera en el interior del Teatro Oriente.

El público, que no alcanzó a ocupar todas las butacas del teatro, y donde observamos a una mayoría de personas de un rango etario por sobre los 40 años, celebró los himnos más reconocibles del grupo. Di Cioccio mantiene su carácter histriónico, aunque lo encontré más sereno que la vez anterior. Con sus baquetas trasportadas en la espalda, sujetas en la cintura, bajo el pantalón, deambula entre el micrófono del centro, hacia la batería ejecutada por Roberto Gualdi, quien constantemente debe ceder el puesto, tomando lugar en un set más pequeño, dispuesto  al costado de la batería líder. La dupla de bateristas logra intensos momentos, que se complementan con la maestría de Djivas en las cuerdas graves, con algunas individualidades magistrales. El vocalista acusa cierto desgaste vocal, aunque nunca ha destacado por sus cualidades como cantante, pero es apoyado con mucho acierto por el joven tecladista Alberto Bravin.

Quince canciones pasaron como una ráfaga de recuerdos inconmensurables, obras llenas de referencias a tiempos remotos. PFM son arlequines modernos que conjugan el rock con lo docto, herederos de ancestrales sonidos, propios de la Europa medieval y renacentista. Su versión para “Danza dei Cavalieri”, de la obra Romeo y Julieta, compuesta por el ruso Sergei Prokofiev, logra emocionar y destemplar cualquier ambiente, suena sinfónica y rockera a la vez, con un inspirado Bonetti en el violín, y el gran desempeño del guitarrista Marco Sfogli, quien ha trabajado con James Labrie, Virgil Donati, Jordan Rudess, entre otros. Otra referencia clásica se da con la obligada obertura de Guillermo Tell, de Rossini, donde nuevamente Bonatti impresiona con su instrumento, en uno de  los momentos más álgidos de la jornada.

Para el final nos sorprenden con la hermosa “Dolcissima Maria” antes de invitarnos a dejar las butacas y unirnos a la celebración con el más reconocible de sus éxitos, “É Festa” o “Celebration”. Una cita que se hizo corta, con unas verdaderas leyendas del progresivo mundial, un conjunto que si bien, no ha logrado traspasar las barreras generacionales para conquistar a nuevas generaciones, su público es el oyente duro del progresivo, uno exigente que conoce de la importancia de los italianos, y que pedía a gritos algún otro clásico, pero tuvo que resignarse a lo que nos tenían preparado. En lo personal, extrañé que no incluyeran “The Lesson”, single de su última placa, y que muestra a una banda interesada en actualizar su sonido, un ejemplo claro de esa postura renovada de los italianos en el día de hoy.

Fue indudablemente un encuentro con la historia, una que se comenzó  a escribir hace casi cincuenta años y que representó a todo un movimiento musical innovador, que catapultó a Italia a ser cuna de una de las escenas progresivas más importantes del mundo, y que aún se mantiene viva.

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Esta noticia fue publicada por el área editorial de iRock.CL

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