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Live Review | Primal Fear y Lucas Turilli’s Rhapsody: La fórmula del powermetal

Primal Fear
Primal Fear

Primal Fear

8 de séptiembre 2016 | Teatro Cariola

Review: Celeste Jamacg | Fotos: Carolina Acuña

Una de las cosas que muy pocas bandas logran es poder separar lo novedoso de lo original. Luego de ver –con muy poca expectativa- a Primal Fear, pude comprender que ellos, sí logran alcanzar aquella diferenciación. La novedad es a partir de lo nuevo, mientras que la originalidad, mantiene una virtud en el tiempo, que tiene que ver con tradición sin depender del concepto de novedad. La fórmula de Primal Fear, es mantener intacta esa virtud.

Enlistando al público desde la expectación, minutos antes a su salida al escenario, ya se podía sentir un ambiente ansioso. Primal Fear, pese a ser una banda que no ha creado una forma nueva de heavy metal o power metal, y que es una extensión, al estilo que originalmente nos acostumbró Judas Priest, y orientaciones de lo que fue Helloween en su época -al parecer- con el pasar del tiempo en virtud del recorrido, no han sido en vano ya que el resultado de 20 años de carrera, los han posicionado fuerte en Europa dieron una prueba de ello, superando pequeños prejuicios, de los que se aprenden lecciones apostando a la fidelidad del “origen” de su género. Al momento que suena Countdown to insanity de Black Sun dan por hecho de lo que hablo. Ralf Sheepers y los integrantes se apoderaron de los espacios escénicos,  y comienzan con Final embrace.

Energía y heavymetal: Nada más

Mucho carácter y carisma por parte del conjunto alemán, que demostró que el heavy  no es un concepto ligero –robustitos chascones, que toman pilsen mientras escuchan Saxón y tiran mierda a toda la música posterior a 1997 tocando guitarras desde un sucucho arrendado- sino más bien, es una postura que se adopta, se vive a través de ella y se materializa con música que impacta arriba del escenario, con integrantes –en su mayoría- en gran forma, y que aporta a brindar un show que provoca a dejar de mirar el celular por su agresividad sonora y sólo dejarse llevar por cada canción, momentos que te dejan sin aliento y que te motiva a comprar la próxima entrada, eso es Primal Fear.

Liderado por Ralf Scheepers, quien tuvo una preformance impecable, una voz adecuada y animó en todo momento al público, tanto así que se puso la camiseta de la roja de todos, provocando más que aplausos.

Los temas que fascinaron al público, Rulebreaker, Sin of Fear, la hermosa balada The sky is burning, Nuclear Fire, apelando a toda nostalgia. Siguiendo con el headbanding con Angels of Mercy y The end is near, y el tema de la muerte When death comes knocking, con solos brillantes.

Un pequeño corte y se vuelve a la rudeza con Chainbreaker, de corte clásico para seguir con la presentación de los integrantes. Ralf, dejó ver un talento para comunicarse con la audiencia, mientras presentaba a sus compañeros y cuando llama a Alex Beyrodt, éste se acercó demasiado a la orilla de la escenografía y cae. Afortunadamente nada grave pasó, y Scheepers sale del paso con risas y humor.

Se respiraba euforia y para cerrar su concierto  y dar paso a los italianos, pudimos presenciar Rollercoaster y Running in the dust, que deleitó notoriamente a los asistentes, dejando su nombre en alto con heavy metal y mucha clase.

Luca Turilli’s Rhapsody reluce en el Cariola

Luego de esta agitada sesión del más intenso heavy metal, sigue Luca Turilli, el grande detrás de todo lo que es Rhapsody of Fire.

En este caso, la novedad es el deslumbre, ya que trajo consigo parte del material de su última iluminación: “Symphonia Ignis Divinus”. Turilli, es un gran músico, tiene una mente impresionante y lo hemos podido n otra en sus creaciones, cada una de ellas tienen una calidad que impresiona y que ha pese a adversidades, ha mantenido en el tiempo atraídos a sus fans. Una de las facetas que más me agradan, esa afección a las bandas sonoras, por su puesto su apreciación y cercanía con la música clásica, lo que complementa y justifica cada tonada de su instrumento y creación.

No creo que exista una fórmula para crear power metal sinfónico, pero sí debe apegarse a algunas características y Luca Turilli’s Rhapsosy se puede decir que se acerca a lo sublime.

Un poco de histerismo y descontrol cuando comienzan con  Knighrider of Doom, una muy buena entrada fue la de Alessandro Conti, y el posterior coro agresivo por parte de los fans. Increíble como en un reciento como Cariola, y no necesariamente lleno, lo parezca con el contigo de los chascones –y los no tanto-, que fueron a ver a los italianos. Al espectáculo, le siguió Rosenkreuz (The Rose and the Cross), pero lo mejor vino cuando comenzaron a interpretar Land of Inmortals, del afamado Legendary Tales (1997), haciendo de este mismo, ya una leyenda. Acá hay una apreciación nostálgica de algunos rangos etareo que componían al público, y es que se notan quienes son los que pasaron su adolescencia escuchando este tremendo trabajo por allá a fines de los 90’, fue un momento tremendo.

Lo que se vivió más adelante fue un paso por el jardín emocional de los chascones con Unholy Warcry y Son of Pain, logrando integrar a su show, una cuota de pasión e intensidad en esta noche de power metal y conexión fuerte con el público. Curioso es cuando tocan Prometheus, su recepción con algo de menos euforia, pero que se reivindica con Il cigno nero, que logra descabellar a los que estaban esperando un gran golpe, en este punto los talentos de todos quedan al descubierto, no hay instrumento más o menos que otro y el arte vocal de Alessandro. Lo dejaron todo en el escenario. Con The Pride of the Tyrant, Demonheart, Luca provoca que la gente solo entregue más y más cariño por su obra.

Dos hechos a mi parecer notables, junto con el solo de batería, es el solo Del bajista Patrice, es que honestamente es para volverse loco, porque en el contexto, da el pie para Dawn of Victory, y como podrán imaginar el Teatro Cariola no sólo reparaba power metal, ya era euforia, muchos en un estado sublime, fue más allá de un punto alto, sino que un escenario propicio para soltarse y liberarse como nunca, sobre todo cuando todos al son cantaba ¡Gloria, gloria perpetua! Estremeciendo cada rincón del Teatro, de la calle, de la ciudad.

Finalmente la Emerald Sword, cerró esta noche de jueves, y un cierre que no pudo ser mejor, impecable, para salir de una rutina de estudios, o pega llenita de buena música.

Aclaración:

iRock no hará comentario del show de Cuervo, por tema horario, no se pudo cubrir.

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Noticia publicada por el área editorial.

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