Nota por Jaime Gonzalez
A mediados de los años ochenta, el thrash metal estaba dejando de ser una explosión underground y se convertía en uno de los movimientos más importantes del metal. Desde la Bay Area de San Francisco surgían bandas veloces y agresivas como Exodus o Death Angel y además técnicamente exigentes como Forbidden, Testament llegó con una particularidad que terminaría diferenciándolos de muchas de sus contemporáneas y eran sus influencias del heavy metal.
Comenzaron bajo el nombre Legacy, cuando Eric Peterson y Derrick Ramirez comenzaron a construir las primeras canciones de una agrupación que terminaría incorporando a Alex Skolnick, Greg Christian y, finalmente, a Chuck Billy. Con esa formación encontraron algo que parecía sencillo y obviamente no lo fue, como tomar la violencia del thrash y llenarla de melodías, armonías de guitarra y estructuras heredadas directamente del heavy.
Cuando el disco The Legacy apareció en el año 1987, el género ya tenía sus propios códigos, pero ellos parecían decididos a llevarlos un poco más lejos. Este es su trabajo más puramente thrash y también uno de los que mejor demuestra que la influencia de bandas como Judas Priest, Iron Maiden, Black Sabbath o Van Halen podía convivir perfectamente con la velocidad que había nacido en California.

“Over the Wall” abre el disco para dar a conocer cuáles eran sus principios. El riff inicial, la batería acelerada y las guitarras gemelas de Peterson y Skolnick construyen una canción con mucha destreza y sonado igualmente brutales. Su videoclip ayudó además a convertirlos en una presencia visible dentro de una escena que comenzaba a conquistar al público masivo. Hoy parece un documento de una época, pero en aquel momento representaba algo mucho más importante, que el thrash estaba llegando a todas partes.
En las melodías de “Alone in the Dark”, es donde Skolnick evidencia su particular manera de tocar. Aparte de hacerlo rápido sus solos y armonías tenían una sensibilidad profundamente ligada al heavy metal clásico, algunas realmente memorables, tan importantes como los propios riffs. Esa característica terminó convirtiéndose en uno de los elementos fundamentales para entender el sonido de Testament.
“Raging Waters” muestra otra de sus virtudes. Chuck Billy comienza a desarrollar una identidad vocal que no dependía únicamente de la agresividad como Baloff o Becerra. Sus fraseos son precisos, cambiantes y capaces de acompañar una canción que habla de destrucción y peligro con líneas vocales complejas y musicales, no solamente como un bramido desaforado.
“Apocalyptic City” resume buena parte de esa primera etapa, con velocidad, oscuridad, riffs complejos, guitarras melódicas y una atmósfera siempre agresiva. Testament hablaba de un mundo en decadencia, pero lo hacía desde una música que todavía conservaba el espíritu aventurero que tuvo la nueva oleada británica en el viejo continente. El debut los instaló inmediatamente entre los nombres más respetados de la Bay Area, llevándolos a girar por Estados Unidos y Europa junto a Anthrax y consolidando su posición en la escena.
Posteriormente, en The New Order (1988), la banda comenzó a demostrar que aquello no había sido casualidad. “Into the Pit”, “The New Order” y “Disciples of the Watch” conservan la velocidad del thrash, pero las composiciones son más elaboradas y las guitarras adquieren un protagonismo todavía mayor. Estaban construyendo canciones complejas, como si las salas de ensayo fueran momentos de total entretención donde dejaban fluir ideas con cervezas a destajo. El disco confirmó que The Legacy no había sido un golpe de suerte, ampliaron su público, los llevó a girar junto a Megadeth y a compartir cartel con Iron Maiden y Anthrax, hasta comenzar a encabezar sus propios conciertos.
Practice What You Preach (1989) seguía profundizando esa forma de entender el thrash, que continuaba ahí, pero aparecían estructuras más fáciles de procesar, solos extraordinariamente trabajados y una mayor preocupación por las melodías. “Practice What You Preach”, “Persecuted” y “The Ballad” incorporaban elementos prácticamente impensables para bandas como Atrophy o Demolition Hammer, manteniendo siempre la esencia principal del movimiento. Las influencias de Michael Schenker o Van Halen estaban completamente integradas en su lenguaje. Este fue su gran salto comercial, alcanzaron el puesto 77 del Billboard 200, obtuvieron una fuerte exposición en MTV que los llevó a una extensa gira junto a Annihilator, Nuclear Assault y Savatage.
Esta trilogía se completaba con Souls of Black (1990) evolucionando a un punto de clímax. Claramente mantenían la velocidad y la agresividad como el thrash metal lo dicta, pero ya habían aprendido a manejar las dinámicas, los cambios de intensidad y las melodías con una seguridad enorme. “Souls of Black”, “The Legacy” y “Seven Days of May” muestran a una agrupación que había conseguido hacer metal sin quedar atrapados dentro de sus propias reglas. Aunque el disco lo sacaron con apuro para no perder su lugar en el Clash of the Titans, terminó llevándolos a escenarios gigantes junto a Slayer, Megadeth y Suicidal Tendencies, además de abrir para Judas Priest en la gira del Painkiller.
Estos tres discos forman un triángulo especialmente importante porque permiten observar cómo fueron refinando una fórmula que había aparecido de manera explosiva en The Legacy. El thrash seguía siendo el corazón, pero alrededor de él crecieron las armonías, fraseos, las influencias del heavy metal tradicional y una sensibilidad compositiva que terminó siendo reconocible inmediatamente.
Por eso es interesante mirar hoy aquellos cuatro primeros álbumes en perspectiva y produce una sensación extraña. Uno escucha la velocidad, las guitarras, esos solos imposibles y la voz de Chuck Billy, pero también escucha una época en la que el thrash todavía parecía no tener límites. Testament tomó todo lo que hacía grande al heavy metal llevándola a la velocidad de una nueva generación y consiguió que ambas cosas convivieran sin que ninguna tuviera que desaparecer. The Legacy permanece como una fotografía perfecta del momento en que el thrash todavía estaba descubriendo hasta dónde podía llegar. The New Order, Practice What You Preach y Souls of Black, en cambio, fueron la demostración de que esos principios podían seguir creciendo. Cuando uno vuelve a estos discos, todavía puede sentir que su música tenía algo nuevo que decir. Lo bueno, es que nunca necesitaron abandonar el thrash para intentar hacer algo distinto. Simplemente entendieron algo que muchas bandas tardaron años en comprender, que la velocidad podía ser feroz, pero también podía tener melodía; que un riff podía golpear con fuerza sonando definido y que detrás de toda aquella violencia todavía podía existir música sofisticada.
Recordemos que Testament será parte de Chile Terror Fest II a realizarse el 28 y 29 de noviembre en el Teatro Caupolicán, entradas en Punto Ticket. Produce: Chargola Prod, TheFanLab, Anton y MiBar.


















