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Grave: una noche de muerte, memoria y brutalidad en Santiago

El martes 6 de octubre la capital amaneció y pasó buena parte del día empapada, mientras quienes tenían marcada la fecha en el calendario emprendían rumbo a Sala RBX, en Vicuña Mackenna, para encontrarse con una de esas jornadas que el death metal guarda con especial celo, era el regreso a Chile de una de las bandas fundamentales de la vieja escuela sueca, además con una formación que hacía que esta visita tuviera un peso histórico particular. El concierto originalmente estaba anunciado para Teatro Cariola, pero terminó trasladándose a RBX, cambio que fue comunicado con anticipación y que mantuvo válidas las entradas adquiridas previamente.

Y si la lluvia ya había puesto una cuota de dificultad al trayecto, el propio recinto terminó incorporándose involuntariamente a la experiencia. La humedad se sentía afuera y adentro, con el techo que goteaba, el calor acumulándose a medida que llegaba más gente y una sala que finalmente quedó pequeña para la cantidad de asistentes hicieron que la noche tuviera esa dimensión casi física que algunos conciertos extremos terminan adquiriendo. No era precisamente comodidad. Pero tampoco era lo que la gente había ido a buscar. En una jornada así, entre chaquetas mojadas, cerveza, calor, cuerpos apretados y el ruido constante de una sala cada vez más llena, había algo coherente en que el escenario destinado a recibir a Grave pareciera estar peleando contra los mismos elementos que su música lleva décadas evocando.

La jornada comenzó con Gravered, representantes de Santiago y dueños de una propuesta directamente conectada con el death metal de vieja escuela. Su aparición tuvo el mérito de no intentar sobreactuar el papel de banda inaugural, fueron al hueso, con canciones como “Cryptic and Cadaverous Visions from Graves”, “Procession in Rigor Mortis” y “Classic Cult to Death”, poniendo desde temprano una dosis considerable de crudeza en una sala que todavía comenzaba a poblarse. Su presentación incluyó además un cover de Autopsy, elección que tenía absoluto sentido dentro del universo sonoro de la banda. Después llegó Necrofagore, directamente desde Lima. Los peruanos tenían además una carta particularmente interesante, donde parte de su presentación estuvo destinada a adelantar material de Where the Shadows Spread Death and Desolation, su próximo tercer álbum, anunciado para noviembre. Es decir, en lugar de limitarse a reproducir aquello que el público ya conocía, enfrentaron una situación bastante más arriesgada: presentar canciones inéditas ante una audiencia que había comprado su entrada principalmente para escuchar clásicos del death metal sueco. La respuesta fue buena, y temas como “Internal Abyss of Madness”, “Horrible Shapes in Astral Trance”, “Through the Path of Condemned Souls”, “The Death Behind the Sun” y “Echoes of Desolation” mantuvieron la intensidad arriba, cerrando con “Horrible Hallucinations of a Gloomy Valley”.

La tercera estación de esta travesía fue Undertaker of the Damned, llegados desde La Serena y con más de dos décadas de recorrido dentro del black/death metal nacional. Para entonces la sala ya estaba considerablemente más poblada y la banda encontró un escenario mucho más receptivo. “Mortuus in Aeternum”, “Exorcismo 1858 AC”, “Bautizados con Fuego” y “Entre Cadáveres Celebramos la Muerte” fueron parte de un repertorio que elevó todavía más la temperatura de la jornada. Su vocalista Juan Francisco Jeldrez destacó por una interpretación particularmente física y agresiva, y la propia banda hizo referencia a la lluvia que azotaba Santiago y a esas alturas evidentemente, el agua ya no iba a detener a nadie.

Entonces llegó el momento por el que buena parte de los asistentes había atravesado la ciudad mojándose, pasadas las 21:50 horas, con la Sala RBX prácticamente repleta, Ola Lindgren, Jörgen Sandström, Jonas Torndal y Jens “Jensa” Paulsson aparecieron sobre el escenario. No era una formación cualquiera. Era el reencuentro de los músicos asociados a la etapa fundacional de Grave y, particularmente, a Into the Grave (1991), el álbum que ayudó a definir una de las formas más reconocibles del death metal sueco. Lindgren, fundador y único miembro permanente de Grave a lo largo de su historia, había reunido nuevamente en 2024 a Sandström, Paulsson y Torndal, recuperando aquella alineación de los primeros años. Y la elección para comenzar no pudo ser más evidente: “Into the Grave”.

Desde los primeros segundos, la respuesta fue inmediata. El riff cayó sobre el público y el centro de la sala comenzó a moverse. No hubo necesidad de introducciones extensas ni de una puesta en escena gigantesca. Grave tenía algo bastante más difícil de fabricar, junto a canciones que, más de tres décadas después de haber sido registradas, todavía suenan físicamente violentas cuando son ejecutadas por quienes ayudaron a construirlas.

“Day of Mourning”, “Morbid Way to Die”, “Deformed” e “In Love” mantuvieron ese recorrido por Into the Grave, mientras “Christi(ns)anity” y “Eroded” profundizaron todavía más en aquella primera etapa. Era un viaje hacia los primeros noventa, pero no uno construido desde la nostalgia. La diferencia es importante. Lo que ocurrió en RBX no se sintió como asistir a una banda reconstruyendo su pasado para un público de museo, porque las canciones seguían teniendo dientes. La banda, además, se mostró cómoda en esa proximidad particular que ofrece una sala como la de ese recinto. El espacio reducido hacía que la distancia entre escenario y público prácticamente desapareciera. Jörgen Sandström cargó con buena parte del peso visual y vocal de la presentación, mientras las guitarras de Lindgren y Torndal levantaban esa masa áspera y pesada que define el sonido temprano de Grave. Paulsson, desde la batería, terminó de sostener una maquinaria que no necesitó adornos para funcionar.

Después de una pausa para interactuar con los asistentes, el repertorio comenzó a abrirse hacia otros capítulos de la historia de la banda. “For Your God”, “Soulless” y “Brutally Deceased” demostraron que la jornada no iba a quedar exclusivamente encerrada en el debut. Y ahí estaba una de las mejores virtudes de la noche: aunque la presentación fue relativamente breve para una trayectoria que supera las cuatro décadas, cada canción parecía estar cuidadosamente escogida para conectar directamente con aquello que hacía especial esta formación. Porque si algo quedó claro en RBX es que Grave no necesitaba tocar dos horas para contar una historia. El repertorio fue acotado, sí, pero tuvo dirección. No hubo una sucesión interminable de canciones destinadas a completar minutos. Hubo una concentración deliberada en una época específica de la banda y, dentro de ella, en composiciones que siguen funcionando con una contundencia sorprendente.

El tramo final fue particularmente celebrado. “Extremely Rotten Flesh” abrió paso a “You’ll Never See”, una de las piezas fundamentales de la segunda gran estación de este recorrido, y antes de comenzar esta última ocurrió uno de los momentos más particulares de la noche: desde el público llegó una bandera de Grave que fue recogida por Sandström, quien se la colocó sobre los hombros antes de interpretar la canción. Finalmente, “…And Here I Die… Satisfied” cerró el recorrido. Y mientras afuera Santiago seguía bajo la lluvia, dentro de RBX el asunto ya era otro. El mosh había ganado terreno, la temperatura había subido y la humedad del recinto se mezclaba con el sudor de una audiencia que llevaba horas recibiendo death metal. El techo goteaba, sí. La sala estaba apretada, sí. Había momentos en que encontrar un espacio mínimamente cómodo parecía una tarea imposible. Pero probablemente esa misma precariedad terminó formando parte del recuerdo: Grave tocando Into the Grave en una noche lluviosa, con una sala pequeña, sudada y saturada, mientras una parte del público parecía viajar directamente a 1991.

Grave no vino a Chile a demostrar que sigue siendo una banda vigente mediante un repertorio diseñado para abarcar toda su discografía. Vino con algo mucho más específico, junto a la posibilidad de escuchar nuevamente a la formación clásica enfrentándose a las canciones que ayudaron a convertir el death metal sueco en una de las fuerzas decisivas del metal extremo de comienzos de los noventa. Junto a Entombed, Dismember y Unleashed, Grave forma parte de ese núcleo fundamental de la escena sueca que transformó la brutalidad del género en una identidad sonora propia y esta vez Santiago tuvo delante a los músicos que estuvieron ahí cuando esa historia comenzaba a escribirse. Por eso, pese a que el show pudo haber sido más extenso y pese a las incomodidades de un recinto que evidentemente terminó sobrepasado por la asistencia, resulta difícil salir de la noche pensando que faltó algo esencial. Las cuatro bandas construyeron progresivamente la jornada…Gravered abrió las puertas de la vieja escuela, Necrofagore sostuvo la intensidad desde Perú, Undertaker of the Damned llevó el peso del death/black nacional hasta un público cada vez más encendido y Grave tomó finalmente ese escenario para hacer lo que mejor sabe hacer, tocar death metal con la brutalidad suficiente como para que treinta y cinco años de historia parezcan, por un momento, algo que está ocurriendo ahora mismo ysí, no fue una noche perfecta en términos logísticos. Fue húmeda, calurosa, apretada y marcada por una lluvia que acompañó prácticamente toda la jornada. Pero quizá justamente por eso terminó teniendo una identidad propia. Porque hay algo profundamente coherente en salir de un concierto de Grave con la ropa mojada, los oídos zumbando y el cuerpo cansado, después de haber escuchado “Into the Grave”, “Deformed”, “Soulless”, “Extremely Rotten Flesh” y “You’ll Never See” interpretadas por buena parte de los mismos músicos que las llevaron al mundo por primera vez.

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Editora y Creadora de Contenido en iRock. Leal servidora del Rock, el Metal y los sonidos mundanos. Conductora en "La Previa" y Co-conductora en "Rock X-Files". | Mail: litta@irock.cl

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