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Live Review Internacional

Imperial Triumphant & Cynic: Virtuosismo de lujo

La Mano de Dios estuvo presente al presenciar tal calidad de bandas de lujo.

Fotos: @franciscoaguilar.ph

Pocas veces se tiene el lujo de poder presenciar tal nivel de virtuosismo en nuestro país, más aún en un recinto en el que usualmente el sonido y la acústica no acompaña. Para quien desconozca la palabra, el virtuosismo hace referencia al dominio excepcional, destreza y perfección en un intérprete musical, y aquella definición es la única forma de describir lo presenciado anoche en la combinación majestuosa entre Imperial Triumphant y Cynic.

La entrada triunfal de Imperial Triumphant inicia con Goldstar, adentrando a la audiencia presente en lo que sería una ovación al más puro caos controlado. Porque si hablamos de vanguardia y black metal, tener el control sobre el descontrol es como se define a los neoyorkinos.

Es más, en un desafortunado deseo del caos por tomarse la noche, la batería de Kenny Grohowski presentó un imperfecto a partir de la tercera canción, en el que uno esperaría la detención del show para poder solucionarlo. En su lugar, Kenny continuó tocando, aún con el técnico de la crew debajo de sus piernas intentando darle solución al problema, lo que establece el nivel de profesionalismo de la banda y perpetúa, irónicamente, su mensaje de ocultar las imperfecciones bajo la fachada de oro dorado que les cubre.

Champagne, velas con destellos y un bajo con luces, –además de las imponentes máscaras al más puro estilo de Eyes Wide Shut (Kubrick, 1999)–, marcaban el tono de lujo entre la putrefacción y el aire denso de la Blondie. Quien considere que el bajo es un instrumento inútil que nunca suena, claramente jamás ha escuchado a Imperial Triumphant.

Y es que es extremadamente difícil de concebir que una banda logre tocar en vivo en un recinto con tan mala fama sonora y entregar exactamente la misma calidad de sus álbumes de estudio. El lujo de tener a Imperial en nuestro país se vio levemente opacado por el hecho de que era evidente que gran parte del público los desconocían, lo que llega a sentirse injusto dada la excelencia que dejó su paso en aquellas catacumbas. No obstante, en la espera a Cynic, las voces hacían eco al resonar diciendo que pese a su desconocimiento de la banda, les había quedado gustando. Es de esperar que puedan retornar al país con su propio show ahora que han llegado a los rincones más ocultos de Santiago.

El recinto se volvió un lugar de culto al Jazz, en el que por una parte Imperial Triumphant gestionó ese caos atravesándolo con tintes de black metal, en el que sus tres integrantes –Zachary Ilya Ezrin (voz y guitarra), Steve Blanco (bajo, voz, otros) y Kenny Grohowski (batería)– se plantaron de punta en blanco con vestimentas impecables y un sonido aún más limpio y sencillamente de lujo.

Pero si Imperial traía el caos y la entropía, Cynic se posicionó sin cuestionamiento alguno como los dueños de casa, y aquellos que trajeron la entalpía sobre el escenario.

Con pantallas que invitaban a volverse uno con el universo, la vibración de sus cuerdas e instrumentos de percusión se volvieron la manifestación física de aquella colisión. La energía del público se podía comparar con el Big Bang, en el que Cynic se volvió la Partícula de Dios dando pie y creación a un destello de vida en los asistentes.

La energía era de total devoción, las voces al unísono sonaban más fuerte que la misma banda, y la emoción se hizo presente en temas como Veil Of Maya. Se trataba entonces de un ritual de intercambio recíproco entre los presentes y los artistas que regresaban a un país que claramente los recibe como en su casa.

Si la calidad técnica de los neoyorkinos ya era digna de admirar, la de los floridianos lo es aún mayor. La facilidad con la que se desenvuelven es llamativa, como si hubiesen nacido con los instrumentos en la mano y las partituras inscritas en el alma. Cynic interactuó mucho más con su público, que a esas alturas ya se sentían como viejos amigos a los que echaban de menos.

Su presentación habló de un orden absoluto en el universo, un dominio en el que eran dioses y mensajeros, con la combinación exacta entre guturales y voz limpia, riffs donde las guitarras hablan y gritan al mismo tiempo, en el que se establece su mensaje dual en la aceptación espiritual de ambos extremos necesarios para crear.

Lo presenciado en Blondie fue tan íntimo, y a la vez tan detonante, que deja un sabor agridulce en el que uno puede llegar a sentir «qué bueno que viví esto» y por otra parte «qué lástima que no lo vivió más gente». Porque cuando uno puede ser testigo de tal nivel de perfección en lo que solo puede describirse como un encuentro con Dios, se da cuenta de que la mano divina con la que han de haber sido tocados Imperial Triumphant y Cynic es una demasiado milagrosa como para perderse de experimentarlo, al menos, una sola vez en la vida.

Revisa la galería de fotos a continuación

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Audiovisual, amante del metalcore y las emociones humanas. Me gusta retratar en mis escritos lo que sienten las personas en los conciertos y analizar el metal desde el desarrollo personal de los artistas ♡

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