Las noches de verano son mejores cuando acudimos a nuestro bar favorito, en compañía de rock y metal chileno de altísima calidad y unas cervezas bien heladas que ayudan a tolerar mejor el calor de la capital. El encuentro de este sábado en MiBar correspondía a dos exponentes de distintas vertientes del metal, pero ambas con un anclaje muy contemporáneo: Fiura y Turtlesun.
Fiura comenzó su show con una energía a toda prueba, a cargo de músicos de primera calidad, presentando una interpretación intensa, comandados por el tremendo frontman que es Felipe Del Valle. Los riffs aceleran, se ponen melodiosos cada tanto y los ritmos chocan en canciones como “Piedra del León”, un temazo. Su disco “Dioses Chilenos” se inspira en gran parte en el libro del mismo nombre de Francisco Ortega, y aborda historias y mitologías chilenas, como es el caso de la misma “Fiura”, una figura mitológica chilota que sería hija del mismísimo trauco. Hay que decir que el tema que le da nombre a la banda abrió la noche con vértigo y fuerza, en un tema rápido que prendió a la gente al instante. En medio, despacharon un cover de Symphony X, la gran “The Eyes of Medusa” que sonó grandiosa en medio de un torbellino de power metal progresivo. Durante el show hay varias figuras muy buenas en el bajo, que me hubiera gustado se escucharan más fuerte, pero de interpretación y potencia, la banda es una máquina de las mejores, presentando una selección de temas realmente sobresaliente.

Es el turno de Turtlesun, quienes se aprestan a entregar un show lleno de fuerza y misterio, desplegando lo mejor de su metal alternativo progresivo, que se arrastra por terrenos pantanosos hasta explotar con una fuerza que parece indomable, todo alrededor de la hipnotizante voz de Francisca Draipan, una excelente e inspirada frontwoman que se caracteriza para la ocasión y entrega todo de si, al igual que el resto de la banda, que suena afiatada y potente. Desde el golpe que dieron con la inicial “The Solar War” hasta el final con ese viaje que supuso “The Heart of the Universe”, era imposible no conectar y seguirlos con atención y entusiasmo, mientras nos subían en una montaña rusa, desde la calma incierta de “My Scars” hasta el groove explosivo de “Train to the Sun”, con muchos sonidos y colores diversos que se mezclaban entre cada nota que se disparaba. Se disfrutan por fuerza, calidad y puesta en escena, redondeando un show muy completo, que no te suelta y queda dando vueltas.

Una dupla con similitudes y diferencias, que elevó la calidad hasta un muy alto nivel, demostrando en vivo el gran nivel de composiciones e interpretaciones que se pueden encontrar en nuestras tierras, en lo que fue una noche de rock y metal maciza, obligando a no perderles pista y seguir la ruta de las melodías que ambas bandas seguirán mostrando, ojalá, por mucho tiempo más.
Fotos por Eric Ibañez


















