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Internacional

LIVE REVIEW | Palmer, Palmer & PALMER

CARL PALMER´S ELP LEGACY EN CHILE

TEATRO NESCAFÉ DE LAS ARTES | 04 DE ABRIL 2013
Por Freddy Veliz

 

Carl Palmer en chileCasi 3 años pasaron de la última visita en formato solista de Carl Palmer, el eximio baterista que a comienzos de la década de los 70s deslumbraba al mundo con su virtuosismo y desplante escénico en Emerson, Lake and Palmer, que lo llevó a estar considerado por casi una década como el mejor del mundo en las listas de los medios más importantes del planeta. Él junto a Keith Emerson, fueron los responsables de la pirotecnia y los malabares instrumentales que llevaron el éxito y fama al influyente trío progresivo, que tanto amor y odio generó en su generación, por sus pomposas presentaciones y versiones de obras clásicas, en un formato que los llevó a ser considerados pilares fundamentales de lo que conocemos como rock sinfónico.

El Teatro Nescafé de las Artes nuevamente sería el escenario escogido para recibir a esta verdadera leyenda, que gira por el mundo tributando a su ex banda junto a dos jóvenes músicos, y en un formato tradicional (guitarra, bajo, batería) que lo obliga a readaptar el catálogo clásico de Emerson, Lake and Palmer, y si bien para los fanáticos más conservadores puede ser algo chocante, el resultado final es bastante interesante.

Con algunos minutos pasados las 21:00 hrs. Palmer aparece en el escenario ubicándose en su batería dispuesta al centro del escenario, un set armado de manera tal que pudiéramos apreciar hasta el más mínimo detalle en la técnica y movimiento de sus manos. A la derecha se ubica el guitarrista británico de 34 años Paul Bielatowicz , quien tiene la difícil misión de trasladar las notas del piano de Emerson a sus seis cuerdas, y a la izquierda Simon Fitzpatrick joven bajista que nuevamente dejó atónitos a los presentes con su ejecución.

“Peter Gunn” El clásico de ELP, original de Henry Mancini, fue el escogido esta vez para abrir los fuegos, con un Carl Palmer reventando el sonido al máximo desde su primera incursión, generando la primera ovación de la noche, aunque, como una impresión personal, lo noté algo tenso en su ejecución, quizás algo frío, lo que luego de “Karn Evil 9” comenzó a cambiar, algo lógico, con esa apabullante obra, es difícil no soltar tensiones.

Bielatowicz y Fizpatrick, comenzaban a robar miradas con el increíble fiato que han logrado y la perfecta ejecución de tremendos clásicos que están en la memoria y adn de los fanáticos del género más docto del rock.

Palmer entre temas sale de su trono para pararse frente al público, saludar en un estudiado español y anunciar el siguiente tema (su  delicado timbre de voz no se condice con la fuerza con que ejecuta su instrumento).

“Hoedown” (Trilogy 1972) y “Knife Edge” (ELP 1970) nos siguen envolviendo en la magia de los clásicos de súper trio progresivo, en readaptaciones que suenan con más peso hard rockero, la interacción de guitarra y bajo deja hipnótica a la audiencia que no escatima en aplausos en cada ejecución de estos dos jóvenes músicos que no arrugan al acompañar al legendario baterista, que con 63 años aún mantiene velocidad y fuerza, virtudes que tantos elogios se ha ganado en más de cuatro décadas de carrera.

Haciendo mención a Keith Emerson, su ex compañero de banda, introduce el clásico “América” compuesto por Leonard Bernstein para el musical West Side Store, tema que Emerson grabara a fines de los 60’ junto a The Nice, como antesala a lo que musicalmente propondría más adelante en Emerson, Lake and Palmer.

 En la pantalla del fondo, se proyecta la bandera de EEUU e imágenes de locaciones y familias norteamericanas en perfecta armonía, una imagen, que en lo personal, lo sentí fuera de época, en vista a lo que se percibe actualmente del país del norte, en el contexto político, económico y bélico que ha mermado en la visión que tenemos hoy en día de la tierra del tío Sam.

Sorpresa fue el que Palmer incluyera en el setlist “Mars, the Bringer of War”, obra que pertenece al único disco de su histórica banda donde no participa, álbum donde es reemplazado por el recordado Cozy Powell. Composición original del británico Gustav Holst y que conforma el primer movimiento de la suite Los Planetas (1918). Unida a “The Barbarians”(Bela Bartok) del álbum homónimo debut de ELP. La guitarra de Paul Bielatowicz aporta con una atmósfera impregnada de sicodelia, que se complementa con imágenes planetarias desde la pantalla.

A continuación Palmer anuncia una de la mejores y más aplaudidas obras de Emerson, Lake & Palmer, la estruendosa “Tarkus” del álbum de igual nombre de 1971, una de las obras más elogiadas de la historia del rock progresivo, y que fue ejecutada magistralmente por la banda, a pesar de una pequeña descoordinación entre Palmer y Fitzpatrick, que pasó casi desapercibida, para la audiencia en general, no para Palmer que desvió una mirada de reprimenda hacia su bajista, que sin inmutarse salió airoso del bache y continuó sin problemas interactuando con Bielatowicz , y paseándose sin problemas por su mástil con acordes y tappings, demostrando una técnica impresionante en su instrumento.

Palmer luego presenta al guitarrista Paul Bielatowicz y lo deja solo en el escenario, para ejecutar una muestra de su virtuosismo en las seis cuerdas e introducirnos en el clásico coral de Carl Orff “Carmina Burana” ejecutado por los tres componentes en una versión potente y rockera, ganándose los aplausos del público, que ya estaba rendido ante el maestro y sus talentosos discípulos. Después de quedar sin aire, el turno de mostrar sus dotes es para el bajista Simon Fitzpatrick que al igual nos impactó en la visita anterior con una versión completamente en cuerdas graves de Bohemian Rhapsody de Queen, lo hizo esta vez con la incombustible “Stairway to Heaven” de Led Zeppelin, sencillamente espectacular, el joven músico (que tiene gran parecido físico a nuestro compatriota, también maestro del bajo, Christian Gálvez) maneja con versatilidad al revés y al derecho su instrumento, logrando expresar con matices sonoros, emociones y al mismo tiempo calidad técnica, un músico que tiene un prominente futuro por delante.

“Intermezzo from Karelia Suite” y “Rondo” reversiones de estas obras de The Nice, anteceden a la famosa “Tocata y Fuga en D Menor” de J.S.Bach y a la tremenda interpretación en forma íntegra de “Pictures at an Exhibition” del ruso Modest Mussorgsky, obra publicada por ELP en 1972, y que le valió a la banda tantos detractores como defensores. La ovación no se hizo esperar y el relativamente copado Nescafé de las Artes se aprestaba a presenciar otro gran clásico que tal como su nombre lo dice debe ser recibido con fanfarrias, original de Aaron Copland, “Fanfare for the Common Man” es sin dudas un himno que no puede faltar ni fallar en una revisión de la obra del trío británico, y así lo entiende el público que recibe y despide de pié tan magnífica pieza, en que además Carl Palmer aprovecha para ejecutar su tradicional solo, en que demuestra porqué está considerado entre los músicos mas admirados e influyentes del rock progresivo, manipulando sus baquetas a su antojo, sacando sonidos desde todos los ángulos y superficie a sus platos, el profundo y magnánimo sonar del Gong, le dan un aura de grandilocuencia a lo que estamos presenciando. Palmer se despide del escenario con el público aplaudiendo de pié su presentación, a lo que luego de un par de minutos, la banda vuelve al escenario para interpretar “Nutrocker” adaptación de la obra del mismo nombre de Piotr Ilich Tchaicovsky. Como es ya tradicional en los conciertos del recinto de Manuel Montt, el público sale de sus butacas y se acerca al escenario para sacar la mejor fotografía o ver la posibilidad de por último estrechar la mano al maestro. Un final con caras alegres, conformes con haber presenciado un acto musical de excelencia.

 En lo personal, si bien agradezco el hecho de que Palmer quiera seguir manteniendo el legado de ELP, y saque notas azules con su readaptación de los clásicos que hicieran grande a su otrora banda, me deja un sabor agridulce, por un lado se disfruta escuchar esas grandes obras en vivo, reconozco que los músicos logran buenos resultados con las reversiones, en momentos fantásticamente, pero no puedo dejar de extrañar la voz de Lake, menos, el piano de Keith, que le daba la atmósfera especial e idónea para lo que propusieron en los 70s. Al final me queda la sensación de haber visto a una banda tributo de excepción, con grandes músicos pero previsibles en su repertorio.

Fotos por Diego Mena

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Noticia publicada por el área editorial.

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