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Chile

LIVE REVIEW | Angelo Pierattini en Elebar: ¡Baila Valpo, baila!

Foto: Mario Molina L.

ANGELO PIERATTINI EN VALPARAÍSO

22 DE AGOSTO 2014 | ELEBAR

Por Mario Molina Leiva

Foto: Mario Molina L.

Foto: Mario Molina L.

Las noches porteñas no suelen defraudar al melómano cuando se trata de música chilena. Y es que cuando se encienden las luces del escenario junto con el reventar de los primeros embates de la banda de turno, y los feligreses asistentes al ritual empiezan a bañar sus ideas con canciones que te llegan a la médula, al son de ritmos que te envuelven y transportan a otro mundo, nada puede salir mal. Angelo Pierattini y compañía ya nos tiene mal acostumbrados a ese tipo de funciones, y esta no fue la excepción: acompañado por dos bandas de lujo, como son los porteños de Molo, y los oriundos de Temuco, Alectrofobia, Angelo nos presentó su último trabajo discográfico, Baila Dios, sobre las tablas de la sala de conciertos Ele Bar en nuestro bien querido Valparaíso.

Molo rompe el silencio del puerto principal, dando el puntapié inicial al evento pasada la medianoche. El trío se luce con interpretaciones impecables, temas eléctricos, llamativos juegos de voces y riffs muy bien definidos e interesantes, suficientes para iluminar el ímpetu del auditorio. Claramente un grupo que ha llegado a establecerse como uno de los referentes locales del rock chileno, Molo deja bien parada su reputación marcando presencia en el escenario.

Minutos después de la una de la madrugada, Alectrofobia explota en Ele Bar. La banda sureña, que actualmente está trabajando en su nuevo EP junto a Pierattini como productor, llega a poner su cuota con una impronta agresiva y un sonido mucho más visceral, quizás hasta con ciertos dejos de desprolijidad que colaboran al ambiente que sus temas generan, junto con una lírica social ácida y al hueso, que no pasa desapercibida.

No sería hasta las una y media en que entraría en escena la guitarra del frontman, acompañado de las baquetas de Diego Ormazábal, los teclados de Felipe Silva y el peso del bajo de Marcelo Da Venezia, para dar un espectacular inicio al trabajo que ha montado bajo la mirada atenta y los oídos expectantes de los participantes repartidos entre las mesas del local, con un corte de su primer trabajo, “Y si acaso existiese…” que empieza a sonar al tiempo en que se encienden los ánimos entre los fanáticos asistentes: “Tierra Andina”, “Opio Juventud”, “Más Lento”, “Ella y Yo” y “Vida Infierno” revisan una buena parte del nuevo material estrenado por Pierattini y compañía hace cerca de mes y medio, y repercute el hecho de que mantiene en su sonoridad cierta sensación de familiaridad, repitiendo en Baila Dios una fórmula destinada al éxito en la creación de grandes canciones, melodías inconfundibles y poderosas, que curiosamente también encontramos en sus anteriores entregas.

Con sendo desplante en el escenario, el showman se pasea bajo las luces, interactuando con el público y su banda, dando pie a un repertorio que contiene una pincelada de toda su discografía, desde “AP y Las Calaveras Errantes”, pasando por “Vampiros” y el aclamado “Fuego en los Andes”, con temas como “El Desierto”, “Quema y Sana”, “Ángel del Tambor”, entre otros, y una linda versión en solitario de “Desdeñosa”, que dedicó a un grupo de fanáticas que llegó desde Santiago a ver el show. Desgarradora versión debe decirse más bien, rebosante de una guitarra soberbia y una voz característicamente calma e igualmente despedazada.

Cabe destacar la gran labor de los teclados de Silva a través del show, que sin dudas es un pilar fundamental en el sonido del ex Weichafe, forjando sin mayor complicación esa aura que envuelve los temas más introvertidos y da color a aquellas composiciones más explosivas e incendiarias, como “Chile me Dispara” o “Fuego en los Andes”.

No siendo suficiente para el público, que corea y pide incesantemente que el cuarteto siga tocando, deciden rematar con una versión del clásico de Victor Jara, “Manifiesto”, y un tema que de seguro va encaminado a convertirse en uno, “Menta Miel y Sangra”, de su placa Vampiros, tras lo cual da por terminado el rito, concluyendo una especial exhibición llena de emociones, buenas canciones y una notable sensación en boca de ese recurrente gusto a poco que Pierattini ya es experto en generar en sus seguidores.

17 canciones, una hora y media de energía incontenida, baterías inclementes, bajos portentosos, teclados envolventes, guitarras afiladas y una voz que sabe cuando actuar destemplada o mostrarse agresiva sin duda están dando que hablar, y es que una vez terminada la velada cerca de las 3 de la mañana, nos queda más que claro que con espectáculos como el de Angelo Pierattini sonando en nuestro país, para el rock chileno aún hay patria, y para rato compañeros y compañeras.

1. ¿Y si acaso existiese un parque oscuro donde los muertos se carguen de invisibilidad?

2. Tierra Andina

3. Opio Juventud

4. Vida Infierno

5. El Desierto

6. Desdeñosa (lhasa De Sela)

7. Mas Lento

8. Ella y Yo

9. Quema y Sana

10. Ángel del Tambor

11. Alma Deja Llevarte Hasta el Sol

12. Salva el Dolor

13. Chile me Dispara

14. Grita en Vez de Hablar

15. Fuego en los Andes

ENCORE

16. Manifiesto (Victor Jara)

17. Menta, Miel y Sangra.

 

 

 

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Noticia publicada por el área editorial.

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