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Conciertos

Mercyful Fate: Espeluznante ceremonia ritual

Los daneses saldaron la deuda de 25 años de espera, con un imponente concierto en Movistar Arena

Nota: Freddy Véliz Fotos: @nelsongalaz.cl

Un torrente de metal vivieron los fanáticos de las guitarras afiladas este fin de semana recién pasado, con una nueva versión de Metal Fest, dos intensas jornadas en Movistar Arena que la producción aprovechó de extender, como una suerte de bonus track, con la visita de los daneses Mercyful Fate, que marcaron el punto final con una esperada presentación.

La banda comandada por King Diamond y Hank Shermann demoró 25 años en regresar a nuestro país. Sus dos presentaciones anteriores no fueron las mejores, por lo que esta vez teníamos la oportunidad de disfrutar de un concierto a la altura de lo que significa Mercyful Fate para la historia del metal. Y las expectativas ahí estaban puestas.

Para la apertura de este encuentro, la banda nacional Mawiza llegó para refrendar su categoría, ante un público que los recibió con respeto, muchos ovacionándolos y aplaudiendo su propuesta que fusiona metal con sonidos y letras de raíz mapuche. Fueron cuestionados por un sector de metaleros al momento de ser anunciada su participación teloneando a los daneses, con el fundamento de que no era una propuesta adecuada para el estilo de Mercyful Fate, quizás algo de razón había en ese sentido, pero tampoco podemos desconocer el alto nivel del conjunto nacional, que demostró la potencia innovadora de un trabajo profesional, profundo y dedicado, que merece cualquier escenario.

Las ansias por tener frente a nosotros a Mercyful Fate con toda su imaginería y puesta en escena se hacían sentir en el interior del recinto del Parque O’Higgins. Satanás nos tenía la cena servida y estábamos hambrientos por devorarla, mientras un gran telón negro con el logotipo de la banda tapaba la escenografía. Telón que cae una vez se apagan las luces y se comienzan a oír los clásicos sonidos de la tempestad que nos introduce al clásico “The Oath”. La banda al completo sobre el escenario, una iluminada cruz invertida lucía en el fondo, sobre la batería un pentagrama con el rostro del macho cabrío en el centro, más un gran lienzo con la imponente imagen de la icónica carátula de “Don’t Break the Oath” iban completando la teatral puesta en escena.

King Diamond aparece con una máscara de chivo, y dueño del falsete que lo caracteriza, va invitándonos al tenebroso ritual de su música. Impactante como logra mantener ese registro, que si bien no es una técnica docta ni mucho menos, que por lo demás le ha valido muchas críticas en su carrera, ha convertido a Mercyful Fate en una banda tan particular. La dualidad vocal de Kim Bendix (su nombre real), construye atmósferas enigmáticas a cada canción que interpreta, y en conjunto con la propuesta musical de la banda lograron ubicarlos en un sitial de pioneros y creadores de un estilo propio.

Luego de ese primer impacto en escena donde además incluyeron una brillante interpretación de “A Corpse Without Soul” del increíble y homónimo primer Ep, lanzado en 1982, y que abrió el camino para la leyenda, los daneses nos presentan la que es su primera canción nueva desde 1999. Titulada “The Jackal Of Salzburg”, es el adelanto de lo que será el nuevo álbum. Un corte que mantiene toda la esencia de sus clásicos trabajos, y que se ensambló perfecto en un set donde primó la música de sus primeros años, y “Curse of the Pharaohs” junto a “A Dangerous Meeting” fueron a continuación uno de los instantes más celebrados por una audiencia cautiva y enfervorizada, que es embestida por la siniestra y thrashera “Doomed By The Living Dead” que se recibe con saltos y cánticos que acompañan a King Diamond portando su inseparable micrófono de huesos formando una cruz invertida.

El ambiente que se vive en Movistar Arena es de una fiesta, pero una fiesta de sonidos oscuros, y esa oscuridad es evidente con la intro para “Melissa”, uno de los más representativos clásicos de la agrupación nórdica, y que fue coreada como feligreses en misa negra invocando el espíritu del enigmático personaje. A esta altura el público estaba rendido ante la espectacularidad del concierto. Los miembros que además de sus fundadores, lo completan Bjarne Holm en batería; Mike Wead en guitarra y la bajista inglesa Becky Baldwin quien reemplazó a Joey Vera en esta renovada gira, se lucen en sus performances, en especial Baldwin que con su Rickenbaker  se robaba las miradas moviéndose totalmente poseída por la obra de su actual banda.

Los clásicos no se detuvieron y una triada infernal proseguía con “Black Funeral”, la imponente “Evil” y la espeluznante “Come to the Sabbath” dando paso al encore que tendría como coda la estremecedoramente oscura “Satan’s Fall”, con King Diamond en las alturas de la tarima dirigiendo cual sacerdote el rito satánico a los devotos.

Así finalizaba un concierto que fue intenso a pesar de lo breve, pero que saldó una deuda con Chile, con el que la agrupación no había tenido buenas experiencias en sus presentaciones de 1998 y 1999, por una producción deficiente y que nos dejó un amargo sabor. Esta vez, volvieron para montar un show inolvidable, que seguramente estará en el cetro de lo mejor del año, como se merece un público que esperó esta ceremonia por un cuarto de siglo. El maligno cumplió, y nos trajo la mejor versión de sus representantes en la tierra.

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Esta noticia fue publicada por el área editorial de iRock.CL

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