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La forma del agua: El amor a través de las gafas de Guillermo del Toro

Por María José Sandoval.

 

En el 14 de febrero recién pasado pudieron vislumbrarse distintas manifestaciones públicas de amor, más de lo habitual. Los matinales, las redes sociales, los comerciales, malls y las esquinas de las calles, todos nos lo recordaron.

Sin embargo, hay pocas historias que realmente pueden hacerte pensar en el “amor” como tal, y más aun, una historia poco habitual, con una pareja muy singular.

Esto es “La forma del agua” (o The Shape of Water), la mezcla entre el romanticismo, la fantasía y el suspenso que encantó a los críticos estadounidenses.

De la mano del director Guillermo del Toro, la nominada a los Oscar como “Mejor Película”, “Mejor Director”, y “Mejor Actriz”, entre otros diez premios en esta celebración, logra impregnar el lado más personal del líder mexicano y, junto a su ya mencionada en reiteradas veces, fascinación por los monstruos.

Y es que esta película, más allá de ser detallada por elementos que logran marcarla como, en mi opinión, de las mejores en la taquilla de estrenos, hace que tanto visualmente como simbólica, merezca estar dentro de tus primeras opciones a la hora de elegir un filme.

 

Extraño o deshumano

El largometraje tiene como protagonista a Elisa (interpretada por Sally Hawkins), una joven muda que se comunica mediante el lenguaje de señas y que trabaja en el área de la limpieza en un Centro de Investigaciones Secretas a principios de los 60 y al cual llega una extraña criatura (Doug Jones) que hará que cambie su manera de mirar el mundo.

Lo primero que hay que decir, es que desde un principio puede notarse la esencia de del Toro en esta película.

Su pasión por la ciencia, la ciencia ficción y el horror no pasan desapercibidos, ni menos su mano en la caracterización en la ambientación y la estética, que se vislumbra desde los primeros segundos con la escena del comienzo.

El mexicano ya nos ha mostrado diversos universos fantásticos con extrañas criaturas, por lo que no es de sorprenderse que en esta ocasión nos desafiara con una especie mitad anfibio y mitad humano, capaz de mostrarse más humano que los propios personajes de esta historia, y de “tener más corazón” que quienes lo atraparon para estudiarlo.

A través de personajes como estos, y con Giles (Richard Jenkins), su vecino solitario, y Zelda (Octavia Spencer), una afroamericana compañera de trabajo, ambos amigos íntimos de la chica, reconocemos enseñanzas que logran llegar al corazón, conmover y vislumbrar la belleza con que cada acto es hilado.

A su vez, tenemos a otro personaje, el coronel Richard Strickland (Michael Shannon), superior de Elisa y Zelda, y quien trae a esta nueva especie al laboratorio y que no duda en interponer su naturaleza con la de la “bestia” acuática, pero que sin embargo te harán preguntarte: ¿Quién es la verdadera bestia?

La disyuntiva, hará que veas la verdadera belleza de los personajes, que pueden ofrecerte más que solo las apariencias. En donde la actriz principal demuestra su excelente capacidad de hacer notar sus emociones de manera conmovedora, con expresiones faciales y gestos, en donde el amor, el asombro tras conocer el mundo y, en parte, la ingenuidad se notan con tan solo observar sus ojos y los del “monstruo marino”.

 

Forma y montaje

Algo que no puedo dejar de lado, es el diseño de producción utilizado en esta película, por lo que el visto bueno es para todos los aspectos técnicos, desde elementos como la iluminación y uso de sombras, para cada personaje y cada escena hasta la música, los guiños a los clásicos y el uso de colores como el verde o  verde esmeralda, que logran una estética atractiva y afloran la belleza del filme.

Por otro lado, los cortes de escenas le dan frescura y originalidad a momentos, mantienen el ritmo de la historia, realzan el romance y la emotividad de Elisa, además de enfatizar el misterio y la naturaleza de cada personaje.

De la misma forma, las ambientaciones son cargadas de estereotipos de ciencia ficción, que cumplen con su toque de fantasía, como lo es con el hogar de nuestro personaje principal y el laboratorio del Centro de Investigaciones, cuyos objetos cumplen con los objetivos del misterio.

Agregando otro detalle a las ambientaciones, es digno de mencionar que las escenas debajo del agua fueron recreaciones a base de “slow motion”, y sin embargo consigue el efecto visual deseado a la perfección.

Hablar a base de más detalle sobre la historia está demás, porque “La forma del agua” es un muy digno rival para los premios de la academia, para hablar de “los diferentes” o incluso de los “marginados”, y para relatar una conmovedora y bella visión del amor, para compartir y para ser espectador, que sin duda se impondrá frente a otros títulos.

En balance general, la historia que nos entrega Guillermo del Toro consigue estar a la altura de todos los reconocimientos que ha ganado, y aunque me parece que en el final decae un poco, con algunos cabos sueltos o situaciones un poco fáciles de concluir, no logran opacar, ni de cerca, a la obra en su totalidad.

The Shape of Water sigue actualmente en todas las carteleras de los cines en territorio nacional y probablemente conseguirá más de lo esperado en los próximos premios Oscar, el dia 4 de marzo.

TRAILER:

 

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Noticia publicada por el área editorial.

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