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La normalización de la violencia de género en la música

Por Litta

Me urge como mujer y como miembro activo de este mundo que tantas alegrías me ha dado hacer algo al respecto, este último tiempo ha sido nefasto para la música en todo el mundo, uno a uno los casos de abuso y violencia de género han sido trending topic y, callar como medio ante estas lamentables situaciones sería ser parte del problema. Queremos un mundo mejor para las futuras generaciones, en donde la convivencia sea justa, equitativa y libre de violencia.

“Violencia y abuso”, no solo nos encontramos hoy en día con este tipo de misivas, cómo quién dice que es obra de la nueva era. La verdad es que llevamos años teniendo metida la nariz del machismo y la violencia en nuestra apreciada música y no, no como arte, sino más bien entre quienes componen el círculo de este mundo tan maravilloso para algunos y tan desdichado para otros.

Ciertamente el tema de las musas y la inspiración “femenina”, por muchos años fue un condimento importante en aquel mundo artístico masculino, era muy común ver quepuedeujer (como siempre), era vista como un factor de deleite, un objeto de adoración y, también de uso y opinión pública. A través de los años han cambiado las formas y quizás la historia junto a los procesos sociales han reformulado, -desde las mismas mujeres-, el cómo se valoran hacia el resto las figuras femeninas en el arte.

Dentro del mundo musical, por siglos hemos sido testigos de la desvalorización de las mujeres, desde los tiempos de la música clásica, en donde prodigias como Nannerl Mozart, hermana de Wolfgang Amadeus Mozart, se les prohibió ejercer la música como carrera por el simple hecho de ser del sexo “débil” y obligadas a seguir el anonimato para no significar una sombra para sus semejantes masculinos.

La gran mayoría de las mujeres aceptaron esta forma de vida de manera más bien sumisa, con temor y con recato; sin embargo, algunas se rebelaron ante esto y lucharon por obtener un lugar que, en muchas ocasiones, les costó la vida, pues se les acusaba de herejes, brujas o de ir contra de la ley; por lo tanto, eran condenadas a morir. No obstante, aquellas que, a pesar de todo esto continuaron con sus ideales, fueron un pilar importante en la historia de la mujer.

En lo referente al papel que han jugado las mujeres en la música, existe un gran número de figuras femeninas que ha sobresalido en los caminos de la historia; así tenemos compositoras e intérpretes que, ante la necesidad de encontrar un medio laboral, fueron creando los espacios para poder desarrollar su talento interpretativo.

Pero hay otro rol que compartió la mujer en el mundo de la música, un rol que por años fue normalizado, callado e incluso documentado como un fenómeno natural del mundo del rock, me refiero a una de las desvalorozaciones más grandes dentro del medio, las Groupies, quienes hasta el día de hoy son parte de un mundo que creen comprender pero que finalmente les sobrepasa, porque lo que no es incómodo del uso para unas, es parte del capitalismo para todas.

Analicemos el significado estricto del término que aparece en google, “es una persona que busca intimidad emocional y sexual con un músico famoso. Sin embargo, este término también se aplica a una joven admiradora de un determinado cantante o grupo musical, a los que sigue incondicionalmente.” La palabra contiene una doble lectura, doble significado, como un palíndromo sináptico para apoyar el usufructo de la “fan” sin ningún remordimiento, puesto que, algunas se autodenominan y otras adquieren el adjetivo, mientras que desde la vereda masculina la ambigüedad del término permite cruzar la línea sin escatimar consecuencias. No es algo nuevo, no es algo que las muchachas crearon para acostarse con sus ídolos, no es que algún músico decidió colocarles así para poder describirlas en una palabra. Fueron los mismos medios en los años 60’s que tras las giras de diversas bandas se percataron de mujeres que viajaban junto a ellos, muchas veces eran novias, amigas e incluso madres, pero que el marketing del sexo le dio otro contexto y connotación, desde allí cada mujer con la que podían o no pasar la noche, pero que se les viera con algún músico era entonces considerada una “groupie”.

Las mujeres que pertenecían a agrupaciones o eran solistas, podían ser vistas con hombres, sin embargo estos no eran catalogados como “groupie”, de ahí algunas comenzaron a dialogar al respecto y muchas de ellas fueron alcanzadas por los medios e incluso saltaron a la fama por su conocido “recorrido y relaciones” con diveros y grandes artistas, a pesar de que la mayoría hablaban de sus sentimientos y de como se sentían ante la negativización de sus roles, quienes finalmente eran consideradas “putas” pero con esa sutil palabra que parecía darles un valor para luego restregarles en la cara que no había nada especial en ser lo que eran para sus ídolos.

No obstantes a pesar de que muchas veces se filtraron relatos que retrataban la violencia sexual, psicológica y física a la cual estaban expuestas estas mujeres, la época y la mentalidad no permitían reprochar a los agresores, -no muy desconocido a lo que hoy en día ocurre-, entregándole responsabilidad a la víctima siempre.

Cuando el sueño del amor romántico con tu ídolo y la simpatía de este solo quedan en un lejano retrato de la Rolling Stone, que todo aquello que pensaban era especial solo para ellas se corrompían con la desagradable realidad que, no, no eran la única, ni la última, porque no eran más que objetos sexuales y de uso público, como muchos artistas incluso bromeaban en las entrevistas con frases como, “compartimos unas jóvenes”, porque incluso por más que en muchos momentos el romanticismo pudo ser mutuo el patriarcado y el pacto homosocial  siemore puede más.

Pero como un balde de agua fría, hace un tiempo hemos visto como la “funa” ha sido parte de un mecanismo de defensa bastante eficaz, ante la invisibilización de la violencia, no solo en el mundo de la música, se ha logrado que las víctimas rompan el círculo exponiendo a sus agresores ante la justicia social, aquella que no cae en la burocracia y que al parecer rinde más frutos que la vía institucional.

Casos como el de Cristian Aldana, cantante de “El Otro Yo”, el destape de la violencia de Tea Time de Los Tetas y el reciente caso en donde se acusa de violación a los miembros de Decapitated (en el que las pruebas periciales habrían confirmado el relato de la víctima), nos hacen y obligan a reflexionar al respecto, de algo que vemos a diario y completamente normalizado, en donde claramente como aficionados y fans tenemos una responsabilidad histórica con la impunidad de los agresores, que en algún momento hemos tildado de groupie peyorativamente, hemos asumido que se lo merecen por aguantar, por ebrias, por drogadictas, porque ya pasó una vez y tantas otras justificaciones enfermas, propias del mismo aparato cultural que nos rige a todos y todas, ese que quiere que sigamos pensando que un NO puede ser un SÍ y un “tal vez” un “por su puesto”, este mismo aparato que hasta el día de hoy solo nos deja valorar a las músicas por su estética y no por su talento, ese mismo que hace que las discusiones en torno a una banda se concilien con “la hueona es rica, da lo mismo como cante” y cuantos otros atropellos que consideramos “micro” machismos pero que en sumatoria hoy nos tienen sucumbidos en un constante de situaciones violentas y despreciables.

Los silencios tienen en ocasiones el involuntario rol social de servir a los poderosos. En rápida reflexión, romperlo ante un delito, ante el avasallamiento de derechos, es en sí mismo un acto de liberación. Y no sólo subjetivo sino que tantas e históricas veces –como en ésta- el grito simbólico de la denuncia es de una potencia que va en el sentido de la búsqueda colectiva de reparación a las víctimas o sobrevivientes. Casi como un sabor a justicia resignificada.

“Estamos permanentemente expuestas a la violencia, incluso en nuestros espacios de arte, la naturalización de la misoginia y la transfobia pretenden volver invisible nuestro reclamo, o tildarlo de victimizante o exagerado. Este maltrato ha sido históricamente tolerado, permitido, alentado y justificado directa o indirectamente”, dicen en comunicado las “Ni groupies ni musas, libres y creadoras”

iRockers a través de estas palabras es que te invitamos a reflexionar, a no permitir y mucho menos avalar conductas violentas, estamos en un momento crítico de la violencia, en donde las guerras, la vía pública y la música están manchadas de violencia de género, nos están matando…

Cuando una mujer denuncia… Ningún Rockero retrocede.

 

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Esta noticia fue publicada por el área editorial de iRock.CL

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